viernes, 7 de abril de 2017

ECONOMÍA RURAL Y SOCIEDAD CAMPESINA

ECONOMÍA RURAL Y SOCIEDAD CAMPESINA



A finales del siglo XIII la sociedad rural culminó un largo período de crecimiento. A partir de ese momento y durante varias generaciones, se abrió una época de transformaciones a la búsqueda de una nueva estabilidad. El campo no sólo se verá afectado por las violentas manifestaciones externas —hambres, epidemias y guerra—, sino por la alteración de sistema de producción y distribución, es decir por su estructura feudal. El agotamiento del movimiento expansivo provocó la caída de la renta señorial y condujo a los señores a elevar sus exigencias y, por un acto político, buscar una salida a su situación. El incremento de la presión fiscal, en un período de carencia, desencadena la revuelta y la violencia, en acciones que a pesar de su fracaso deben ser consideradas como catástrofes sociales históricamente necesarias para establecer una nueva ordenación.


La adaptación de las economías rurales


En general, está aceptada la tesis de que la economía agraria entró en una fase de crisis a finales del siglo XIII que culminó a consecuencia de la quiebra demográfica y los movimientos poblacionales asociados de mitad de la centuria. La tradicional descripción de esta etapa depresiva plantea como causa desencadenante el sostenido impulso demográfico de los siglos anteriores, que había obligado a la extensión de los espacios cultivados por suelos de escasa productividad, o intensificando la roturación con la consiguiente amenaza de romper el equilibrio ecológico, o bien procediendo a la excesiva fragmentación de las parcelas familiares de explotación.
A raíz de las mortandades, la transición emprendida en el mundo campesino europeo permitió salir de la crisis sin abandonar las estructuras feudales tradicionales. La reordenación estuvo apoyada en tres transformaciones básicas: los objetivos de la producción, los sistemas de trabajo y las relaciones de dependencia social.


Los nuevos objetivos de la producción campesina


Además de la atención a los cereales, las principales modificaciones se centran en el desarrollo de la ganadería, el auge de la viticultura y el ejercicio de una agricultura diversificada.


La producción de cereales





El cultivo de cereales constituye el elemento básico de la economía agraria. Lentamente, desde comienzos del siglo XIV, la evolución de la producción cerealista en el conjunto europeo describirá un doble proceso; por un lado, una sucesión de malas cosechas en amplias regiones de Europa, con rendimientos por debajo del 15% de las medias habituales, alternadas con años de producción extraordinaria, lo que descontrolaba el normal movimiento de distribución; por otro, una tendencia voluntaria del campesinado a la reducción del espacio dedicado a cereal.

El impulso de la ganadería


El desarrollo de la ganadería arranca tanto por la demanda de lana por parte de la industria textil, como por el fácil aprovechamiento de los campos arables abandonados y convertidos en pastizales para el ganado. El trabajo pecuario exigía menos mano de obra, lo que en un momento de incremento de los sueldos significaba la reducción de los costes, que unido a la estabilidad de los precios de la lana en los mercados internacionales y al crecimiento de la demanda de carne y productos lácteos para el consumo ciudadano, garantizaban una buena rentabilidad.

La vid y el vino


Para plantear el auge experimentado por la viticultura, no es necesario suponer el incremento de la producción de vino, ni siquiera la ampliación del espacio dedicado al viñedo. Como deduce Le Roy Ladurie para Languedoc, en la mitad sur del continente se origina un retroceso general de la superficie agrícola destinada a la vid como consecuencia del abandono de viñas cultivadas en tierras poco apropiadas y, en consecuencia, globalmente la cantidad de vino producida a finales del XIV sería menor que en sus inicios.
Esta actividad no debe considerarse como una innovación en sentido estricto, pues data de antiguo la existencia de viñedos en las inmediaciones de las ciudades. La transformación en estos momentos radica en la reorganización de la gestión de la producción y en la mejora de la calidad para competir en los mercados urbanos con los vinos foráneos.




Hacia una agricultura diversificada


La agricultura diversificada constituyó la respuesta adoptada en ciertas áreas europeas capaces de introducir cultivos muy especializados para romper el ritmo tradicional de rotación y abrir el estrecho abanico de labores destinadas al auto-consumo. Por una parte, en las regiones mediterráneas y las cuencas de los grandes ríos europeos se aprovecharon las condiciones climáticas y de regadío para conseguir la aclimatación de determinadas plantas y productos destinados a los circuitos comerciales de los mercados urbanos, es el caso de los cítricos, frutos secos, azúcar, arroz, olivo y productos horto frutícolas, y del lino y otras fibras textiles, de la hierba pastel y los colorantes vegetales, del azafrán y el moral como base para la producción de seda.

Descienden los precios y aumentan los salarios


El precio de los cereales depende de la demanda, o mejor dicho, de la capacidad de la producción para cubrir una demanda muy estable a corto plazo. Las alteraciones climáticas y las actuaciones especulativas provocan oscilaciones violentas: los precios se cuadriplican cuando el volumen de la oferta desciende a la mitad y un año de mala cosecha puede significar para los grandes productores un gran beneficio, mientras que para los pequeños y medianos supone graves pérdidas y para la masa de consumidores un período de hambre y privaciones. No obstante, estas pulsiones son extraordinarias y tienen una duración breve, volviéndose al comportamiento regular al alcanzarse una cosecha normal que de nuevo cubra la demanda habitual.
Por lo que respecta a los salarios agrícolas, su comportamiento es inverso al de los precios, como consecuencia de la profunda caída de la población. En general, la tendencia alcista arranca a comienzos del Trescientos, pero será la epidemia la causa de un fuerte tirón, hasta llegar a duplicarlos y a triplicarlos, que se mantendrá hasta finales del Cuatrocientos.

Los trabajos rurales no agrícolas


Tradicionalmente, en las aldeas campesinas se había desarrollado siempre una actividad artesanal de tipo familiar que atendía las necesidades de la comunidad; además, en alguna comarca donde la existencia de materia prima adecuada permitía la producción más allá del simple auto-consumo, el trabajo doméstico se canalizaba hacia los intercambios con las poblaciones próximas, constituyendo un complemento a la economía de subsistencia de algunas familias.






La minería y la metalurgia son por naturaleza actividades rurales, sobre las que siempre ha incidido la penetración del capital mercantil. En los procesos de extracción y transformación del mineral intervienen varios niveles de trabajadores: mano de obra sin preparación, obreros cualificados y especialistas.


MERCANTILISMO




Los nuevos sistemas de trabajo y gestión


Una gran parte del éxito de esta transformación que hemos observado tiene su apoyo en la mejora del nivel y las condiciones de utilización de las fuerzas productivas. Mientras la dirección del trabajo estuvo en manos de los campesinos, y los propietarios o señores se limitaban a percibir las rentas, el proceso de producción experimentó pocos avances en las técnicas de trabajo y de rendimientos. La introducción de los nuevos cultivos y las innovaciones de los métodos tradicionales sólo fueron posibles cuando los patronos, al imponer sus intereses económicos en la gestión agrícola, impulsaron cambios importantes en la elección de las producciones y el sistema de trabajo, en la evolución del paisaje rural y en las relaciones personales.

Nuevas formas de explotación de la tierra: arrendadores y jornaleros


La reconstrucción de las grandes explotaciones, incluso las señoriales,supuso la reordenación del territorio y la recomposición del encuadramiento de los hombres. Ni las propiedades burguesas ni los revitalizados señoríos buscaron la restitución de las formas de explotación anteriores a la crisis, sino que se establecerán nuevas fórmulas de relaciones laborales entre el propietario y el campesino. La escasez de mano de obra permitía iniciar una fase de mayores ventajas para el trabajador y que se generalizasen figuras que serán clásicas a partir de entonces en el mundo campesino, como la del arrendador y la del jornalero. El final del período coincidirá con la perversión de ambos modelos y la pérdida de casi todas las ventajas alcanzadas por los trabajadores rurales.

La articulación del campesinado


A finales del siglo XV una parte de los campesinos de Europa occidental habían superado la tradicional condición de dependencia personal, por lo que jurídicamente se caminaba hacia una paulatina igualación; en su lugar se había producido una estratificación en el plano económico que nos permite hablar casi de clases campesinas, con unos pocos que tenían el control de amplios espacios y se constituían en explotadores rurales, un bloque intermedio que ha conseguido estabilizarse, desarrollar una actividad económica básica e introducirse en los centros de decisión de la comunidad, y, por debajo, un grupo muy numeroso, formado por pequeños campesinos que tras un período de cierta bonanza, conforme avanza el siglo XV ven peligrar sus conquistas, igual que los jornaleros, cada vez más próximos a los residuos de un campesinado dependiente que todavía perdura muy disperso en muchas comarcas.



Las comunidades rurales


En líneas generales, el proceso de reconstrucción tras los momentos más intensos de la crisis sirvió para fortalecer la sociedad campesina y dotarla de una cohesión que hasta entonces no había tenido. La pérdida de exclusividad de los señoríos como sistema de encuadramiento de los hombres, significó la extensión de las comunidades vecinales, los concejos y las parroquias como formas para agrupar al conjunto de los campesinos en defensa de susintereses colectivos y para organizar la vida en común. El impulso experimentado por los núcleos rurales no dependerá únicamente del número de habitantes ni de su calidad, sino que irá ligado a la necesidad de coordinar los esfuerzos ante problemas que afectaban al conjunto.

Las revueltas campesinas





Los levantamientos campesinos —y urbanos— localizados en toda Europa en los siglos XIV y XV no pueden comprenderse como simples manifestaciones de la crisis económica, es preciso integrarlos en el contexto general del sistema feudal y considerarlos, por tanto, un rasgo ineludible de las relaciones sociales propias de tal sistema. Así pues, para analizar en su conjunto estas sublevaciones conviene precisar que no se trata de fenómenos o acontecimientos específicos o peculiares del período de crisis y que, si bien es cierto que durante esas dos centurias finales de la Edad Media se produce una mayor concentración, no es posible contraponer una etapa de paz social en los siglos XI-XIII, con esta otra caracterizada por los disturbios.
La geografía y la cronología de lasrevueltas bajomedievalestambién proporcionan elementos interesantes de análisis. Las sublevaciones, rurales y urbanas, se distribuyen, fundamentalmente, en el norte de Francia, Flandes marítimo, la cuenca de Londres en Inglaterra, Florencia y las áreas más urbanizadas de Italia, Cataluña y Languedoc, regiones económicamente avanzadas y con buen desarrollo de la agricultura. En el tiempo, el período de mayor intensidad corresponde a la segunda mitad del siglo XIV, coincidiendo con el descenso demográfico, la caída de los precios de los cereales y el alza de los salarios, es decir, con la denominada edad de oro del campesinado. Conviene, por tanto, modificar el sentido habitual que se les atribuye de ser consecuencia de la exasperación popular ante las calamidades, no produciéndose en momentos de carestía,sino que se dan en momentos de mejora en la situación de las clasesinferiores.



ACTIVIDADES


En el siguiente link podrás encontrar una divertida actividad con relación al a lectura y vídeo anterior.



En el siguiente link encontrar varias actividades con relación a la edad media, diviértete y aprende resolviéndolas.



BIBLIOGRAFÍA

García, J.A Y Sesma, J.A. (2008). La construcción de los espacios políticos europeos, en Manual de Historia Medieval (183-216). Madrid: Alianza Editorial, S.A

Youtube (2017). Mercantilismo, En: https://www.youtube.com/watch?v=lOWGB8J8vg0&t=41s  (abril 6, 9:35).

Pinterest. El catálogo global de ideas (2017). En: https://es.pinterest.com/pin/479422322813170088/ (abril 6, 8:50)
















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