DEMOGRAFÍA Y POBLAMIENTO: CAÍDA DEMOGRÁFICA Y REJERARQUIZACIÓN DEL HÁBITAT
La quiebra demográfica
El crecimiento de la población occidental sostenido hasta muy avanzado el siglo XIII había necesitado del aumento igualmente constante de la producción agrícola para atender las demandas de alimento. Dada la limitada capacidad técnica de la agricultura, este incremento sólo era posible con la ampliación de los campos de cultivo, bien por la incorporación de nuevos espacios improductivos o por la conversión de pastizales y bosques en tierras de labor. A finales del siglo XIII la superficie agrícola se había ampliado en toda Europa, aunque lo había hecho todavía más, en términos relativos, la red urbana que englobaba una población en rápido desarrollo. Los habitantes de las ciudades, que suponían en algunas regiones la cuarta parte de la población total, absorbía un gran porcentaje de la producción regular de alimentos, lo que imponía un ritmo creciente a la agricultura, difícil de sostener, porque la expansión presentaba cada vez mayores dificultades, por el recurso a terrenos marginales de escaso rendimiento y porque las roturaciones masivas amenazaban con romper el equilibrio ecológico y productivo.
La población europea en vísperas de la crisis
Es un dato generalmente admitido que a mediados del siglo XIV, tras el apogeo
demográfico, la población de Europa sufrió un brusco descenso. La cifra
de 86 millones de habitantes calculada por Russell para 1340 supone una
valoración aceptable en la progresión mantenida desde el siglo XI, aunque de
difícil interpretación por la irregularidad de la distribución territorial y el valor
relativo de los datos poblacionales respecto al medio.
Los campos parecen estar llenos... y las ciudades también
La escasez y relatividad de las cifras debe completarse con la matización de
las sensaciones. El comportamiento de la sociedad en ciertas áreas rurales nos
acerca a la impresión de estar ante un espacio lleno. El proceso de fragmentación
de las parcelas trabajadas por las familias campesinas, los esfuerzos desplegados
para conseguir ampliar modestamente el parcelario a costa de terrenos
pobres a los que hay que aplicar duros tratamientos para hacerlos producir
y la aceptación por los colonos de las fórmulas de explotación aplicadas en los
señoríos, sólo se entienden en una situación de hambre de tierras.
En el medio urbano también resulta fácil conectar las cifras aisladas que conocemos
y las sensaciones ampliamente difundidas. La red de ciudades establecida
en el Occidente europeo había llegado a su plenitud, hasta el punto de que
prácticamente en los siglos siguientes, hasta tiempos modernos, no se establecieron
nuevos núcleos.
La peste negra y la guerra
Las dos zonas de entrada al continente fueron marítimas, los puertos del mar Negro y del Mediterráneo occidental (Mesina y Marsella), y desde ellas se produjo una rápida expansión que entre noviembre de 1347 y mediados de 1350 recorrió la práctica totalidad del territorio europeo: Italia, Francia y península Ibérica antes del verano de 1348, saltando a Inglaterra a finales de ese año, al siguiente las tierras del centro y norte de Europa y, por último, en 1350, los países del área báltica. En cada uno de estos lugares, durante seis meses aproximadamente, la muerte se cebaba en una población prácticamente indefensa.
LA PESTE NEGRA
A juzgar por los datos disponibles, parece claro que fueron las poblaciones
de Francia e Inglaterra las más castigadas del continente. En el recorrido
de la epidemia pueden encontrarse pequeños círculos en los que la incidencia
fue muy leve o no se produjo, como Bearn, Hungría, comarcas de Hainaut o
Brabante, entre otros.
El desquiciamiento demográfico a raíz de estas sucesivas epidemias se
vio incrementado por un descontrolado movimiento de las poblaciones sobrevivientes.
En las ciudades se producirá una aglomeración desordenada de
recién llegados, al tiempo que en muchas zonas rurales se abrirá un período
de convulsiones guerreras que incrementará el desasosiego de la sociedad.
Las primeras acciones de la guerra de los Cien Años, la guerra civil castellana,
la guerra de Escocia, la de las ciudades italianas y la de la Hansa en el Báltico
contribuyeron a alterar la estabilidad de las poblaciones, que se vieron
impulsadas a huir para buscar cobijo en la ciudad.
LA GUERRA DE LOS CIEN AÑOS
La lenta recuperación del siglo XV
El siglo XV debe considerarse como de recuperación. No obstante, los rebrotes
de peste continuaron produciéndose con cierta gravedad, aunque más localizados en el espacio y con efectos menos demoledores, fundamentalmente
porque junto a la natural inmunidad adquirida, se había producido la mejoría
general de las condiciones físicas y un cambio en las costumbres alimenticias
de la población, todo ello apoyado en la reorganización de la producción agrícola.
El factor principal que nos obliga a hablar de recuperación demográfica
no está claramente centrado en una disminución de la mortalidad, sino en el
aumento de la fecundidad y en la renovación de la población. La reacción inmediata
que se observa en la sociedad europea tras el primer ataque de la peste
es un fuerte estímulo procreador manifestado en primer lugar por el aumento
de la nupcialidad.
La reorganización de la población
El espacio es un elemento organizado socialmente, es decir, no constituye un
marco natural inalterable en el transcurso de la historia, sino los grupos sociales
que lo utilizan lo transforman según sus actividades. Los hombres, al ocupar
un espacio definido se apropian de él. Esta apropiación se realiza a partir
de los núcleos de población, cuyo tipo está, en última instancia, determinado
por factores económicos y sociales.
Los cambios en la ordenación del poblamiento a finales de la Edad Media
no fueron consecuencia exclusiva de los efectos de la peste y el hambre, ni de
los episodios de guerra, que tuvieron un papel decisivo en alguna región, sino
que el factor director del cambio hay que buscarlo en las migraciones, en los
movimientos de la población que llevaron nuevas gentes a regiones ricas y
suelos fértiles, en detrimento de las pobres que los expulsaron.
La selección de los lugares habitados
Esta tendencia se observa a gran escala con los traslados a largas distancias de
grupos de colonos, pero también en recorridos cortos, con los abandonos
de las tierras marginales, en beneficio de las más productivas y cómodas, normalmente
en la llanura, lo que implica un movimiento de la población desde
sus asentamientos en altura o en lugares poco saludables para ocupar los vacíos
surgidos en localidades mejores y mejor comunicadas.
Los despoblados
La principal modificación del poblamiento en las distintas regiones europeas
fue la aparición de despoblados, es decir, la existencia de amplios espacios sin
núcleos de habitación. Todos los factores antes mencionados contribuyeron, en distinta medida en cada región, a fomentar la desaparición de sus anteriores
pobladores, y a marcar las diferencias interregionales que se mantendrán vigentes
en Europa durante los tres siglos siguientes, hasta la revolución industrial.
Hacia una Europa de las ciudades
Es difícil fijar con precisión los criterios que distinguen un núcleo urbano de
otro no urbano. Para un geógrafo o un historiador de épocas modernas, el nú-
mero de habitantes (más de 5.000) es un argumento muy significativo; para
un medievalista, las dificultades de llegar a cifras fiables y el valor relativo
que presentan hacen inservible el argumento de la cantidad, además de que no
pueden obviarse otros conceptos, como el estatuto jurídico, la estructura física
y las actividades económicas y culturales, por ejemplo, que desempeñan un
papel muy destacado en el sistema de valores del hombre medieval.
Esta realidad, no obstante, no debe ocultar la necesidad de fijar conceptos
que permitan definir y delimitar el mundo rural y el urbano, y procurar,
aunque sea con métodos perfeccionables, alcanzar criterios sustantivos de
comportamiento que, en especial ante los fenómenos de larga duración, puedan
aplicarse en ciudades de un mismo entorno cultural. Quizá el dato demográfico
y la proporción existente entre la población rural y la urbana no sean
exactos para la época medieval, pero son de aplicación universal y, sin caer en
la rigidez, constituyen argumentos válidos de definición y jerarquización.
ACTIVIDAD
Con base en la lectura anterior y los vídeos, anímate a resolver el siguiente test y la siguiente sopa de letras.
Si deseas divertirte y aprender más sobre la Baja Edad Media te recomiendo visitar el siguiente link.
Bibliografía
García, J.A Y Sesma, J.A.
(2008). La construcción de los espacios políticos europeos, en Manual
de Historia Medieval (183-216). Madrid: Alianza Editorial, S.A
youtube
(2017). La Peste Negra. En: https://www.youtube.com/watch?v=cTGOcqsRlyc
(marzo 30, 8:50)
youtube
(2017). La Guerra de los Cien Años. En: https://www.youtube.com/watch?v=3nEblQCwqCY
(marzo 30, 8:58)
youtube
(2017). En: https://es.pinterest.com/explore/peste-negra-937054584245/
(marzo 30, 8:38)



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