DESARROLLO ECONÓMICO Y ORGANIZACIÓN SOCIAL EN LAS CIUDADES
Frente a la concepción clásica que consideraba los sistemas urbanos como formaciones parasitarias, el debate abierto sobre el papel económico desempañado por la ciudad en la Baja Edad Media ha hecho de ella un lugar privilegiado, con el incremento de la producción manufacturera, la innovación de los métodos mercantiles y el impulso del movimiento comercial.
Hoy parece innegable que en la formación y desarrollo de la Europa tardomedieval la ciudad desempeñó un papel fundamental. Las profundas transformaciones experimentadas por la sociedad en general, y la urbana en concreto, hicieron que al final de la Edad Media la ciudad se convirtiera en centro de poder, motor del desarrollo productivo y comercial y, quizá por eso mismo, en foco de tensiones y conflictos sociales.
La producción industrial y el comercio
Todas las ciudades, incluso las más pequeñas, disponían ya a finales del siglo
XIII de los recursos artesanales para satisfacer las necesidades de la vida
cotidiana de sus habitantes.
Igualmente, en todos los núcleos de población se había generado un movimiento
comercial, habilitando zonas para el establecimiento de las tiendas especializadas
donde de manera permanente se podían adquirir las mercancías
que se quisiera, desde los paños hasta las especias y productos exóticos, completando
así el proceso que desde los primitivos mercados y las tradicionales
ferias, habían convertido a los centros urbanos en lugares de constante actividad
económica.
Las manufacturas urbanas
El incremento del consumo y la ampliación de la capacidad adquisitiva a una
banda social amplia, impulsó un aumento de la producción de artículos artesanales.
Los oficios tradicionales debieron introducir un cambio técnico y de
sistema de trabajo, buscando producir más y a menos costo, para atender la
demanda de consumidores próximos y de mercados lejanos.
Estos cambios propiciaron modificaciones en la organización de la producción,
que repercutieron en las relaciones entre capital y trabajo, generando
tensiones sociales y haciendo surgir en las ciudades agrupaciones profesionales
de protección de los intereses corporativos.
De la artesanía tradicional a las primeras industrias
Ante la limitada innovación de las técnicas, la transformación de la industria
artesanal en la Baja Edad Media conservó casi invariable la estructura productiva
y se apoyó en la intensificación de la producción y en la organización del
trabajo. El proceso fue lento y selectivo.
En general, la unidad de producción siguió siendo el obrador artesanal de
tipo familiar en el que se realizaba el ciclo completo; la principal novedad fue
la ampliación de su número, con lo que se elevó el volumen producido.
Los modos de gestión de la producción
En determinadas áreas de producción la renovación fue mucho más intensa y
se observan ya rasgos de lo que será la actividad industrial moderna: complejidad
del proceso, aplicación de innovaciones técnicas y necesidad de fuertes
inversiones de capital. Los dos ámbitos que generan mayores cambios son los
que giran en torno a la construcción naval y a la producción textil, que aportan, cada uno de ellos, modelos diferentes de organización laboral y productiva.
Posteriormente, ya casi fuera de nuestro tiempo, otras dos áreas se unirán
con fuerza, la industria metalúrgica de gran envergadura y la impresión de
libros.
Maestros, oficiales y aprendices
El esquema laboral se basaba, pues, en una división en tres niveles. Al frente
del proceso de fabricación estaba el maestro, especie de aristocracia del trabajo,
al que se llegaba después de superar el examen de maestría. El segundo
grado profesional era el del oficial, que corresponde a los operarios formados
técnicamente para desempeñar su trabajo y se incorporan a un taller; la relación
laboral con el maestro/patrono se estipulaba en un contrato, en el que
normalmente a cambio de su tiempo percibía un salario fijo o una cantidad en
función del trabajo realizado y de los beneficios obtenidos por la empresa.
El tercer escalón está formado por los aprendices, elementos en los que se
conjuga la necesaria enseñanza del oficio, con la disponibilidad de una mano de obra barata. La relación entre el maestro y el aprendiz está teñida, por tanto,
de ambos matices. En la Baja Edad Media se generaliza la costumbre de
que los jóvenes varones urbanos y muchos rurales que acuden a la ciudad, pasen
entre cuatro y seis años de su vida (entre los doce y dieciocho de edad) en
casa de un maestro que los alojaba, alimentaba y vestía, introducía en los conocimientos
básicos de un oficio y los preparaba para la vida profesional, a
cambio de su trabajo en el taller. Para las mujeres se reservaba el trabajo doméstico,
como criadas o sirvientas,si bien se observa una progresiva incorporación
femenina a la industria textil.
El desarrollo del comercio
Vida urbana y comercio son dos conceptos íntimamente unidos. Los esquemas
tradicionales apuntan a que la crisis de mediados del XIV repercutió en el
mundo urbano y, por tanto, en la marcha del comercio, modificando los planteamiento
anteriores y obligando a la transformación de las prácticas mercantiles.
Los grandes ámbitos comerciales
El desplazamiento del eje de la actividad mercantil desde el Mediterráneo hacia
el Atlántico y las regiones septentrionales, que se manifiesta en el período
1300-1500, no está provocado tanto por el descenso de la vitalidad en el sur
como por la aportación de nuevos impulsos desde los territorios del norte.
El comercio oriental de los emporios más importantes, Venecia, Génova,
Milán, Florencia y Barcelona, se apoyaba en el tráfico de productos de lujo
(telas ricas, especias, pieles,seda, vinos, maderas finas, azúcar, esclavos, etc.),
que se distribuían para atender demandas minoritarias. La propia evolución
de los mercados hacía que fuera impensable el crecimiento del consumo de
ese tipo de mercancías, y la expansión comercial debía dirigirse hacia una
clientela menos refinada y con menor presupuesto, pero más numerosa.
Rutas y mercados regionales
El atractivo del tráfico internacional no debe hacernos olvidar la importancia
del regional y local, basado en infinitas transacciones diarias, modestas en su
monto individual, pero de enorme importancia por su número y continuidad.
Tampoco debemos perder de vista que precisamente el crecimiento masivo de
la demanda y la oferta en los mercados regionales y locales impulsará la expansión
del gran comercio exterior.
Las mejoras en los sistemas de transporte
El incremento de la actividad comercial lleva aparejado el incremento del volumen
de mercancías movilizado y la ampliación de las rutas de circulación, lo que obliga a la mejora del sistema de transportes, tanto en los aspectos técnicos
como en el tratamiento administrativo y económico.
El transporte interior, terrestre y fluvial
El transporte terrestre, aunque era el que mayor esfuerzo de hombres y animales
exigía y el más caro y lento de los tres, siguió siendo el medio más utilizado.
Técnicamente, las variaciones fueron escasas. Carros y carretas de dos y
cuatro ruedas, caravanas de mulas y porteadores a pie son los elementos utilizados,
adaptados a las condiciones de los caminos.
Como alternativa al transporte terrestre, en muchos trayectos interiores se
podía optar por el fluvial,sistema en el que la propia corriente facilita el movimiento,
con el consiguiente ahorro de energía animal.
El gran desarrollo del transporte marítimo
En cuanto al transporte por mar a media y larga distancia, conviene advertir,
antes de pasar a analizar otras circunstancias, que la capacidad de carga de
toda la flota europea en estos siglos no alcanzaba, en expresión de Fossier, a la
de uno solo de los grandes petroleros actuales: la Hansa en su conjunto desplazaría
unas 60.000 toneladas, lo mismo que Venecia, mientras Génova no
pasaría de las 20.000, el resto de puertos mediterráneos juntos sólo llegaría a
las 15.000 y otro tanto los barcos ingleses.
Técnicamente, en el siglo XIIIse había generalizado ya la brújula, que permitía
la navegación invernal, la modificación del timón mejoró la maniobrabilidad,
y la del velamen, la velocidad y la fuerza. Así, se pudo proceder a la
construcción de nuevos tipos de navíos, más sólidos y de mayor tonelaje, en
beneficio de la seguridad y de la rentabilidad del transporte. En el norte se
pasó de la kogge o coca a la hurka, mucho más ventruda, que podía contener
hasta 400 toneladas y alcanzar una velocidad de 15 millas por hora; a mediados
del XV comenzó la penetración del krawell o carraca, barco arbolado con
tres mástiles, que podía cargar hasta 900 toneladas, preparado, además, para
recibir artillería y convertirse en barco de guerra.
En el Mediterráneo se mantuvieron las embarcaciones de tipo galera, pero
agrandadas, lo que incrementó el arqueo, que en las llamadas galeras de mercado
venecianas llegó a las 300 toneladas con 200 remeros. Era un tipo de
barco seguro, pero enormemente caro, por lo que fue sustituido por los navíos
redondos del Atlántico; primero, la coca con vela cuadrada y, después, la carabela,
con dos o cuatro mástiles, que se convertiría en la embarcación de los
grandes descubrimientos.
Kogge
Galera
Carabela
Métodos de gestión y administración mercantil
Las estructuras mercantiles necesarias para la nueva dimensión del comercio
a finales del siglo XV debían cambiar respecto a las de épocas anteriores. Las
transformaciones introducidas durante los doscientos años finales de la Edad
Media impusieron unos métodos más racionales en la gestión y administración
de los negocios, que unificaran criterios y permitieran las actividades de
las empresas mercantiles en lugares distantes. Y es precisamente a la universalización
de métodos de gestión a lo que R. de Roover atribuyó la auténtica
revolución comercial.
La gestión de las nuevas organizaciones comerciales se desarrolló gracias
al uso de técnicas contables también revolucionarias. Por un lado, la adopción
de la numeración arábiga en vez de la romana, mucho más fácil de manejar.
Por otro, la contabilidad por partida doble, que permitía ordenar los confusos
apuntes anteriores, al asignar a cada cliente de un banquero o comerciante una
página en la que se anotaban en dos columnas el movimiento de su cuenta, en
una todos las asientos de débitos y en la otra los créditos, el debe y el haber,
con lo que se disponía continuamente del balance.
Moneda y crédito
Si las empresas comerciales, con todo el aparato administrativo en que se basaban,
constituyen un elemento básico para el progreso del sistema mercantil,
el otro fundamento es el establecimiento de un sistema financiero ágil y
capaz de adaptarse a las necesidades impuestas por el propio impulso expansivo.
De hecho, tal como ha quedado reflejado, la tendencia marcada por las
grandes compañías italianas, mantenida por las alemanas que penetran en
el XVI, es la de constituir sociedades bancario-mercantil-manufactureras.
Las fuerzas sociales de las ciudades
Las ciudades en la Baja Edad Media son, en expresión de Braudel, «auténticas
corruptoras de las jerarquías tradicionales». Surgidas en el seno del mundo
feudal, el progreso de la vida urbana está ligado al desarrollo de la economía,
lo que dio lugar a nuevas vías para el enriquecimiento individual y a la aparición
de nuevos valores colectivos, en los que la fortuna y la profesión se convierten
en elementos primordiales para la promoción social.
La oligarquía urbana: burgueses y patricios
Desde el siglo XIII, las ciudades pasan a ser gobernadas por una minoría privilegiada
que se hace con el control político en virtud de la superioridad otorgada por su riqueza, su prestigio social y su fuerza, argumentos siempre relativos
y de difícil valoración. Este grupo está, fundamentalmente, compuesto
por dos tipos de ciudadanos, los nobles y los burgueses.
Los artesanos y su organización
A finales del siglo XIII el sector de la sociedad urbana dedicado al trabajo mecánico
y a la producción manufacturera había llegado a ser por número la parte
más importante de la sociedad civil. El esbozo asociativo anterior había
cumplido su misión en defensa de los intereses profesionales comunes, impulsando
la participación artesanal en la vida municipal y actuando como
fuerza social en los movimientos comunales frente al poder señorial. Pero a lo
largo del siglo XIV se hizo necesaria la reforma del sistema corporativo.
Tensiones y revueltas urbanas
Los levantamientos urbanos no son, como tampoco lo eran las revueltas campesinas,
un rasgo específico derivado de la situación atravesada en los dos siglos finales de la Edad Media,si bien están favorecidas por el desarrollo de la
vida urbana y el tipo de sociedad establecido en las ciudades.
La revuelta de París de 1358
La revuelta urbana de París estuvo encabezada por Etienne Marcel, preboste
de los mercaderes, apoyado por Robert Le Coq, obispo de Laon y arranca tras
conocerse la derrota de Poitiers y el cautiverio del rey Juan (septiembre de
1356). La población acusó a los consejeros reales y a la nobleza de mal comportamiento
militar y de haber dilapidado los impuestos extraordinarios exigidos.
Desde enero de 1357 las fuertes protestas callejeras contra la modificación
monetaria y otros acuerdos reales se extendieron de París a otras
ciudades del reino: Arrás, Rouen, Toulouse, Laon, Amiens, etc. Etienne Marcel
consiguió que el Parlamento (los Estados Generales), presionado por los
grupos populares,se hiciera con el control de la recaudación de los impuestos
y el funcionamiento del Consejo Real, otorgando a las clases inferiores no
sólo la represión de los abusos de los oficiales, sino el derecho a defenderse
violentamente contra ellos, lo cual permitió aplacar un tanto los ánimos.
Si deseas complementar tus conocimientos sobre la baja edad media te recomiendo el siguiente link
ACTIVIDAD
BIBLIOGRAFÍA
García, J.A
Y Sesma, J.A. (2008). La construcción de los espacios políticos europeos, en
Manual de Historia Medieval (183-216). Madrid: Alianza Editorial, S.A
Pinterest.
El catálogo global de ideas (2017). En:
https://es.pinterest.com/pin/479422322813170088/ (19 de abril , 7:50)
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(19 de abril, 8:50)
El Blog de
Joseph. (2017) En:https://wfosbery.tumblr.com/post/5968405463/rebeldes-sin-causa-20-quien-piense-que-las
(19 de abril , 7:50)







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