martes, 25 de abril de 2017

TEORÍA POLÍTICA Y ORGANIZACIÓN DEL PODER

Teoría política y organización del poder






Desde los años ochenta del siglo XX el interés por la historia política pasó, definitivamente, de estar centrado en los acontecimientos y su sucesión cronológica, a fijar la atención en temas como la justificación del poder, la concepción del Estado, sus instituciones, la sociedad y las mentalidades políticas.
Su aplicación a la vida práctica permitió abrir otra vía de reflexión más allá de la que ponía a Dios en el centro de todo, porque la propia imposibilidad de conocer los designios divinos obligó a recurrir a la observación y a la experiencia para buscar los mecanismos que regían el mundo, los hombres o la naturaleza en sí mismos, independientemente del orden sobrenatural. El espíritu laico se abría así hueco junto al espíritu santo.

La transformación del pensamiento político


El elemento que desencadena la transformación del pensamiento político será la lectura de la Política de Aristóteles en los ambientes cultos, al abrir nuevas perspectivas a las concepciones del gobierno y la justicia, especialmente con la aportación de la noción de la naturaleza política del hombre, que alteraba la tradicional del cristianismo, social pecadora, justificativa desde hacía siglos de la supremacía del poder de la Iglesia.

Poder temporal frente a poder espiritual


El enfrentamiento entre el Estado y la Iglesia o, lo que es lo mismo, entre los príncipes y el papado, se arrastraba desde hacía un milenio. La bula Unam Sanctam (1302) de Bonifacio VIII constituyó el intento papal de confirmar su teórica soberanía sobre los reyes: «el que posee poderes espirituales juzga todas las cosas, pero él mismo no puede ser juzgado por hombre alguno». Pero el papa acababa de ser derrotado por Felipe IV de Francia en el pulso abierto por el cobro de impuestos al clero y, como con crudeza le había dicho el embajador real, su poder teórico no podía contra la fuerza del monarca. Poco tiempo después, con la humillación del pontífice en Anagni, se pondría de manifiesto.
Con el pensamiento político de Guillermo de Ockam, que muere a mediados del siglo XIV, puede darse por concluido el proceso de disolución de la Escolástica y abierta la dirección naturalista del Renacimiento. Firme defensor de una concepción laica de la sociedad, de la separación de la fe y la razón y de que la comunidad de los fieles, libre, pobre y espiritual, es la única infalible, Ockham impulsó la superioridad del Estado sobre la Iglesia y el reconocimiento del poder superior del papa sólo en el plano espiritual, sin capacidad de intervención en lo temporal.


Guillermo de Ockam y Maquiavelo





La nueva concepción de la monarquía


El concepto de Estado que comenzaba a definirse en el tránsito del siglo XIII al XIV proponía la existencia de la monarquía como centro de la acción de gobierno y como depositaria indiscutible de la auctoritas y de la potestas. Lo primero se alcanzaba en pugna con la aristocracia y las ciudades; lo segundo, por la decadencia de los dos poderes universales, papado e imperio, que lo perdían. El desarrollo del Derecho romano justificaba la hegemonía del rey en su reino.

El poder compartido: las asambleas representativas


El fortalecimiento del poder real y la identificación de su figura con el Estado hunde sus raíces en la propia concepción de la monarquía y la aplicación de la disciplina feudal, si bien el factor decisivo hay que buscarlo en el exterior de ese sistema, concretamente en las transformaciones socioeconómicas propiciadas por la aparición de la burguesía como fuerza social que descompone el anterior esquema individualista e introduce la idea de interés general, permite hablar de communitas regni y de utilitas regni y hace comprensible el principio del derecho romano quod omnes tangit ab omnibus approbetur («lo que a todos toca, por todos debe ser aprobado»). De ahí que el aparato estatal creado en torno al monarca se abriese a la participación de los grupos sociales.

Crisis del pontificado


La crisis del pontificado tiene su origen en el fracaso definitivo de las ideas teocráticas y en la necesidad de adaptar las relaciones entre el papado y los poderes políticos a las nuevas circunstancias sociales. El carácter protector que había desempeñado hasta entonces con respecto a los monarcas se invierte y desde comienzos del XIV serán los reyes quienes pasen a sostener con su fuerza y autoridad a la Iglesia y a las dignidades eclesiásticas.

La sede de Aviñón


La presión de Felipe IV sobre el pontíficado se puso de manifiesto en el atentado de Anagni (septiembre de 1303) sobre el propio Bonifacio VIII y en la elección de Clemente V (1305-1314), que desembocó en el traslado de la sede papal de Roma a Aviñón entre 1309 y 1377. En este tiempo, la intervención directa del monarca francés en el gobierno de la Iglesia fue completa, como demuestra que los cinco papas siguientes y 111 de los 134 cardenales creados en dicho período fueron franceses, la mayoría procedentes del entorno real.



El cisma del papado y el conciliarismo


El papado se había convertido en una monarquía, que no podía ser hereditaria, con los problemas que acarreaban los procesos de sucesión. Precisamente, la ruptura interna surgió tras la muerte de Gregorio XI en 1378, que acababa de reinstalar la sede en Roma, en el momento en que los mensajes místicos surgidos de un grupo de renovadores espirituales, como Catalina de Siena, buscaban el rearme moral del pontífice. Las alteraciones producidas en el cónclave que eligió al sucesor de Gregorio abrieron el gran cisma y durante más de cuarenta años la dignidad papal estuvo en entredicho y peleada por dos y hasta tres papas elegidos.

el cisma de occidente





Definición de los espacios nacionales


La máxima «Rex est a populi voluntate» defendida por grupos de intelectuales del entorno monárquico introdujo en el juego político la llamada voluntad popular. Marsilio de Padua y el resto de tratadistas basan su tesis en la concepción humana del poder, y el buen funcionamiento de la sociedad lo hacen depender de la recta administración de la ley positiva encomendada por los ciudadanos a unos pocos de sus miembros. Pero para argumentar la teoría de que el poder soberano pertenece a la comunidad es necesario que exista esa comunidad y que tenga conocimiento de su identidad. Es decir, debe establecerse una conciencia colectiva lo suficiente fuerte y extendida como para alimentar un sentimiento unitario y coherente dirigido a la búsqueda del bien común.
Controlar el espacio y fijar las diferencias nacionales son, por tanto, argumentos principales de la acción política. Un reino acaba donde empieza otro; por tanto, la extensión del Estado es consecuencia del poder del rey y el príncipe poderoso era el conquistador de regiones; de ahí la importancia de la guerra. La tendencia que se observa en estos dos últimos siglos medievales es de ampliación de los estados más fuertes en detrimento de los pequeños, al tiempo que las monarquías más poderosas establecían alianzas familiares que les permitían unir territorios, incluso distantes, bajo un mismo proyecto, dando lugar a extensos estados que decidirán su hegemonía europea en las guerras del siglo XVI.

Los funcionarios y los órganos de administración del poder


Frente al personalismo característico del modo feudal de gobernar, la nueva estructura se apoya en el grupo de profesionales que poco a poco se integran en los órganos de la administración dotándolos de un funcionamiento regular por encima, en muchas ocasiones, de la participación del propio monarca. Se trata de una nueva categoría social de laicos cuya proximidad al poder está impulsada por su preparación técnica, que llegará a constituir una verdadera clase autónoma a medio camino entre la nobleza y la burguesía.
En la actividad cotidiana se tiende a despersonalizar los actos de gobierno y de la justicia, apartándolos de la imagen del rey. Junto a la antigua corte, que se convierte en un mero servicio doméstico de la Casa Real, se constituye una estructura política para atender las decisiones del Estado a cuyo frente se incorporará el canciller, auxiliado de sus oficiales y los miembros del Consejo o consejeros, siempre nombrados por el monarca. Del Consejo, por fragmentación de sus funciones, surgirá la nueva organización de la administración caracterizada por su creciente complejidad y la constante búsqueda de mejorar su efectividad a través del perfeccionamiento de las técnicas de la administración y de la centralización de las gestiones.

Los símbolos del poder


Frente a la vertiente retórica e intelectual justificativa del poder en sí, en el mundo bajomedieval se debe desarrollar una estrategia no escrita, visual, dirigida al gran público, para hacerle llegar el mensaje. La materialización del poder se pondrá de manifiesto por medio de las insignias y la pompa real, los emblemas y las ceremonias, considerado todo ello como parte integrante del sistema político y, por tanto, incorporado en su estructura. La dignidad del rey se concentra en los distintivos de su majestad, con los que debe mostrarse en público: la corona, el cetro y la espada, que se transmiten como símbolos de la legitimidad. Y los reyes, aunque no estén presentes en persona, lo están por medio de la imagen de su poder: los sellos, los escudos de armas y el uso de tejidos de colores son, principalmente, los objetos que recogen los símbolos distintivos de cada uno de los nacientes estados occidentales y del poder asentado en ellos. Y en cuantas oportunidades haya, la realeza debe ejercer y enseñar su poder a la vista del reino.

El nacimiento de la Europa de las naciones


Al último cuarto del siglo XIII el espacio europeo llegaba en una situación polí- tica de gran inestabilidad. El poder de los reyes, todavía en fase de formulación, había desplazado al imperial, que tanto el de Oriente, arruinado durante la Cuarta Cruzada y reconstruido a duras penas en 1261, como el de Occidente, el Romano Germánico recién superado el interregno que concluyó en 1273, eran una sombra sin fuerza y sin autoridad. Apenas doscientos años después, tras un laborioso proceso de ruptura y reconstrucción del equilibrio, el mapa europeo quedó dibujado con sólidos trazos por la formación de las cuatro grandes monarquías (Francia, Inglaterra, España y Alemania), que gobernaban espacios nacionales, y a sus costados se habían consolidado nuevos estados regidos por monarquías propias, que configurarán ya hasta nuestros días la Europa de las naciones.

Francia e Inglaterra. La guerra de los Cien Años


La actividad desplegada casi simultáneamente por Felipe IV (1285-1314) en Francia y Eduardo I (1272-1307) en Inglaterra sirvió para restaurar la autoridad perdida, procediendo, cada uno en su reino, a un mayor control de los recursos y de los grupos de poder. El paralelismo de ambos procesos se completa con los intentos de extender sus dominios por espacios próximos (los Países Bajos en el caso de Francia, Gales y Escocia en el inglés). El choque inevitable por estas políticas tenía que producirse en el ámbito continental compartido, lo que desembocará en la llamada «guerra de los Cien Años», largo conflicto que comenzó como un enfrentamiento de dos dinastías, pero que se convirtió en una primera guerra europea.
El desarrollo puede dividirse en cuatro etapas. La primera se inicia en 1337 y se prolonga hasta la paz de Bretigny (1360). Se inicia cuando Eduardo III, presionado por los franceses desde Escocia, interviene en Flandes y reclama el título de rey de Francia como heredero de su tío Carlos IV
La segunda etapa se prolonga hasta 1399. Se caracteriza porque grupos de soldados, más o menos incontrolados, al mando de jefes muy significativos recorren el país, viviendo sobre el terreno con violencia, y se contratan como mercenarios donde son requeridos, como Bertrand du Guesclin y sus tropas, que se dirigen a Castilla y actúan en la guerra civil Trastámara.
La tercera etapa va de 1399 a 1422. Comienza con la deposición y asesinato de Ricardo II, sucedido por Enrique V, y concluye con la muerte de éste y de Carlos VI de Francia. En el plano militar el acontecimiento fundamental es la derrota del ejército francés en Azincourt (1415), en el Somme, donde un contingente inglés diezmado y mucho menor que el formado por las mejores tropas francesas, provocó un desastre y la muerte de una gran parte de la nobleza de Francia. La justicia de Dios parecía decantarse por uno de los contendientes, el inglés, que en nombre de la paz reclamaba sus derechos sobre Aquitania y Normandía, a cuya conquista se dedicó entre 1417 y 1419.

Consecuencias


Las consecuencias de tan largo período de guerra fueron muy distintas para cada uno de los contendientes. En Francia se procedió a una restauración del orden estatal tomando como centro el rey y su administración, impulsando un fuerte centralismo. En los aspectos económicos se procedió a una labor de recuperación y repoblación en las zonas de mayores posibilidades de cultivo: el Bordelais con gentes del norte (los llamados gavaches), Provenza con italianos, etc. Los señores procuraron atraer campesinos ofreciendo contratos de larga duración con censos reducidos y de aparcería para nuevas roturaciones. La producción industrial se reanimó con rapidez, sobre todo la pañería y los productos de lujo para atender las demandas de los consumidores surgidos tras la guerra.

La guerra de los cien años




Los reinos hispánicos


A finales del siglo XIII el espacio peninsular estaba dividido entre cuatro formaciones cristianas (Castilla-León, Corona de Aragón, Portugal y Navarra) y el reino musulmán de Granada. Las conquistas de Fernando III de CastillaLeón y Jaime I de Aragón habían cerrado la época de expansión territorial, y dieron paso a una fase de reorganización de las bases económicas y políticas en el interior de los reinos. La pugna entre monarquía, nobleza y ciudades para orientar esta nueva ordenación en interés propio marcará el proceso.
El triunfo de Isabel y Fernando, los futuros «Reyes Católicos», representó la unión dinástica de Castilla y Aragón y el comienzo de la recuperación del poder real, por medio de una política de control (Hermandades, Tribunal de la Inquisición, expulsión de los judíos, corregidores en las ciudades), junto al despliegue de un programa propagandístico muy preciso y la formulación de un proyecto común, la conquista del reino musulmán de Granada (1482- 1492), que aglutinó a todos.

Los espacios políticos en la península italiana


Los decenios finales del siglo XIII significan para Italia el agotamiento de la hegemonía de los dos poderes universales, papado e imperio, y la aparición de un conglomerado de entidades independientes que no llegaron a formar un proyecto común. Separados por el bloque central constituido por los Estados Pontificios, la diferencia entre el norte de la península y el sur se agudizó en el plano económico y político a lo largo del siglo XIV, pues mientras que el norte más poblado, con una red de ciudades que desde muy pronto había propiciado el nacimiento de una burguesía artesanal y mercantil y un mundo rural con una agricultura organizada, alumbraba un sistema político basado en las ciudades-Estado; la mitad sur y las islas, que vivían de la ganadería y la agricultura controladas por una aristocracia feudal, se convirtieron en objetivo de los intereses comerciales de las ciudades mercantiles y en campo de batalla de las refriegas militares europeas: venecianos y genoveses por el control naval, los Anjou y los aragoneses por Sicilia, Génova y la Corona de Aragón por Cerdeña, etc.

La fragmentación alemana


El largo interregno (1250-1273) tras la muerte de Federico II «Barbarroja» abrió el camino para vaciar de contenido universal la idea de Imperio y para definir la organización política del espacio alemán, que optó por una fragmentación en numerosos länder dominados por la aristocracia. El enfrentamiento entre Luis IV (1314-1346) y el papa Juan XXII (1316-1334) por la hegemonía en Italia motivó un replanteamiento de la situación y condujo a la publicación de la Bula de Oro (1355) por el emperador Carlos IV (1347-1378). A partir de aquí, la autoridad imperial quedó reconocida sólo en territorio alemán y su elección recayó en los príncipes electores: los arzobispos de Maguncia, Tréveris y Colonia, el rey de Bohemia, el duque de Sajonia-Wittember, el margrave de Brandeburgo y el conde palatino del Rin.


Actividades

En el siguiente link podrás encontrar una divertida actividad con relación a la lectura y vídeos anteriores.





BIBLIOGRAFÍA


García, J.A Y Sesma, J.A. (2008). La construcción de los espacios políticos europeos, en Manual de Historia Medieval (183-216). Madrid: Alianza Editorial, S.A











jueves, 20 de abril de 2017

DESARROLLO ECONÓMICO Y ORGANIZACIÓN SOCIAL EN LAS CIUDADES

DESARROLLO ECONÓMICO Y ORGANIZACIÓN SOCIAL EN LAS CIUDADES


Frente a la concepción clásica que consideraba los sistemas urbanos como formaciones parasitarias, el debate abierto sobre el papel económico desempañado por la ciudad en la Baja Edad Media ha hecho de ella un lugar privilegiado, con el incremento de la producción manufacturera, la innovación de los métodos mercantiles y el impulso del movimiento comercial.
Hoy parece innegable que en la formación y desarrollo de la Europa tardomedieval la ciudad desempeñó un papel fundamental. Las profundas transformaciones experimentadas por la sociedad en general, y la urbana en concreto, hicieron que al final de la Edad Media la ciudad se convirtiera en centro de poder, motor del desarrollo productivo y comercial y, quizá por eso mismo, en foco de tensiones y conflictos sociales.


La producción industrial y el comercio


Todas las ciudades, incluso las más pequeñas, disponían ya a finales del siglo XIII de los recursos artesanales para satisfacer las necesidades de la vida cotidiana de sus habitantes.
Igualmente, en todos los núcleos de población se había generado un movimiento comercial, habilitando zonas para el establecimiento de las tiendas especializadas donde de manera permanente se podían adquirir las mercancías que se quisiera, desde los paños hasta las especias y productos exóticos, completando así el proceso que desde los primitivos mercados y las tradicionales ferias, habían convertido a los centros urbanos en lugares de constante actividad económica.

Las manufacturas urbanas


El incremento del consumo y la ampliación de la capacidad adquisitiva a una banda social amplia, impulsó un aumento de la producción de artículos artesanales. Los oficios tradicionales debieron introducir un cambio técnico y de sistema de trabajo, buscando producir más y a menos costo, para atender la demanda de consumidores próximos y de mercados lejanos.
Estos cambios propiciaron modificaciones en la organización de la producción, que repercutieron en las relaciones entre capital y trabajo, generando tensiones sociales y haciendo surgir en las ciudades agrupaciones profesionales de protección de los intereses corporativos.

De la artesanía tradicional a las primeras industrias


Ante la limitada innovación de las técnicas, la transformación de la industria artesanal en la Baja Edad Media conservó casi invariable la estructura productiva y se apoyó en la intensificación de la producción y en la organización del trabajo. El proceso fue lento y selectivo.
En general, la unidad de producción siguió siendo el obrador artesanal de tipo familiar en el que se realizaba el ciclo completo; la principal novedad fue la ampliación de su número, con lo que se elevó el volumen producido.

Los modos de gestión de la producción


En determinadas áreas de producción la renovación fue mucho más intensa y se observan ya rasgos de lo que será la actividad industrial moderna: complejidad del proceso, aplicación de innovaciones técnicas y necesidad de fuertes inversiones de capital. Los dos ámbitos que generan mayores cambios son los que giran en torno a la construcción naval y a la producción textil, que aportan, cada uno de ellos, modelos diferentes de organización laboral y productiva. Posteriormente, ya casi fuera de nuestro tiempo, otras dos áreas se unirán con fuerza, la industria metalúrgica de gran envergadura y la impresión de libros.

Maestros, oficiales y aprendices





El esquema laboral se basaba, pues, en una división en tres niveles. Al frente del proceso de fabricación estaba el maestro, especie de aristocracia del trabajo, al que se llegaba después de superar el examen de maestría. El segundo grado profesional era el del oficial, que corresponde a los operarios formados técnicamente para desempeñar su trabajo y se incorporan a un taller; la relación laboral con el maestro/patrono se estipulaba en un contrato, en el que normalmente a cambio de su tiempo percibía un salario fijo o una cantidad en función del trabajo realizado y de los beneficios obtenidos por la empresa. El tercer escalón está formado por los aprendices, elementos en los que se conjuga la necesaria enseñanza del oficio, con la disponibilidad de una mano de obra barata. La relación entre el maestro y el aprendiz está teñida, por tanto, de ambos matices. En la Baja Edad Media se generaliza la costumbre de que los jóvenes varones urbanos y muchos rurales que acuden a la ciudad, pasen entre cuatro y seis años de su vida (entre los doce y dieciocho de edad) en casa de un maestro que los alojaba, alimentaba y vestía, introducía en los conocimientos básicos de un oficio y los preparaba para la vida profesional, a cambio de su trabajo en el taller. Para las mujeres se reservaba el trabajo doméstico, como criadas o sirvientas,si bien se observa una progresiva incorporación femenina a la industria textil.

El desarrollo del comercio


Vida urbana y comercio son dos conceptos íntimamente unidos. Los esquemas tradicionales apuntan a que la crisis de mediados del XIV repercutió en el mundo urbano y, por tanto, en la marcha del comercio, modificando los planteamiento anteriores y obligando a la transformación de las prácticas mercantiles.

Los grandes ámbitos comerciales





El desplazamiento del eje de la actividad mercantil desde el Mediterráneo hacia el Atlántico y las regiones septentrionales, que se manifiesta en el período 1300-1500, no está provocado tanto por el descenso de la vitalidad en el sur como por la aportación de nuevos impulsos desde los territorios del norte.
El comercio oriental de los emporios más importantes, Venecia, Génova, Milán, Florencia y Barcelona, se apoyaba en el tráfico de productos de lujo (telas ricas, especias, pieles,seda, vinos, maderas finas, azúcar, esclavos, etc.), que se distribuían para atender demandas minoritarias. La propia evolución de los mercados hacía que fuera impensable el crecimiento del consumo de ese tipo de mercancías, y la expansión comercial debía dirigirse hacia una clientela menos refinada y con menor presupuesto, pero más numerosa.

Rutas y mercados regionales


El atractivo del tráfico internacional no debe hacernos olvidar la importancia del regional y local, basado en infinitas transacciones diarias, modestas en su monto individual, pero de enorme importancia por su número y continuidad. Tampoco debemos perder de vista que precisamente el crecimiento masivo de la demanda y la oferta en los mercados regionales y locales impulsará la expansión del gran comercio exterior.

Las mejoras en los sistemas de transporte


El incremento de la actividad comercial lleva aparejado el incremento del volumen de mercancías movilizado y la ampliación de las rutas de circulación, lo que obliga a la mejora del sistema de transportes, tanto en los aspectos técnicos como en el tratamiento administrativo y económico.

El transporte interior, terrestre y fluvial


El transporte terrestre, aunque era el que mayor esfuerzo de hombres y animales exigía y el más caro y lento de los tres, siguió siendo el medio más utilizado. Técnicamente, las variaciones fueron escasas. Carros y carretas de dos y cuatro ruedas, caravanas de mulas y porteadores a pie son los elementos utilizados, adaptados a las condiciones de los caminos.
Como alternativa al transporte terrestre, en muchos trayectos interiores se podía optar por el fluvial,sistema en el que la propia corriente facilita el movimiento, con el consiguiente ahorro de energía animal.

El gran desarrollo del transporte marítimo


En cuanto al transporte por mar a media y larga distancia, conviene advertir, antes de pasar a analizar otras circunstancias, que la capacidad de carga de toda la flota europea en estos siglos no alcanzaba, en expresión de Fossier, a la de uno solo de los grandes petroleros actuales: la Hansa en su conjunto desplazaría unas 60.000 toneladas, lo mismo que Venecia, mientras Génova no pasaría de las 20.000, el resto de puertos mediterráneos juntos sólo llegaría a las 15.000 y otro tanto los barcos ingleses.
Técnicamente, en el siglo XIIIse había generalizado ya la brújula, que permitía la navegación invernal, la modificación del timón mejoró la maniobrabilidad, y la del velamen, la velocidad y la fuerza. Así, se pudo proceder a la construcción de nuevos tipos de navíos, más sólidos y de mayor tonelaje, en beneficio de la seguridad y de la rentabilidad del transporte. En el norte se pasó de la kogge o coca a la hurka, mucho más ventruda, que podía contener hasta 400 toneladas y alcanzar una velocidad de 15 millas por hora; a mediados del XV comenzó la penetración del krawell o carraca, barco arbolado con tres mástiles, que podía cargar hasta 900 toneladas, preparado, además, para recibir artillería y convertirse en barco de guerra.
En el Mediterráneo se mantuvieron las embarcaciones de tipo galera, pero agrandadas, lo que incrementó el arqueo, que en las llamadas galeras de mercado venecianas llegó a las 300 toneladas con 200 remeros. Era un tipo de barco seguro, pero enormemente caro, por lo que fue sustituido por los navíos redondos del Atlántico; primero, la coca con vela cuadrada y, después, la carabela, con dos o cuatro mástiles, que se convertiría en la embarcación de los grandes descubrimientos.



Kogge




Galera




Carabela



Métodos de gestión y administración mercantil


Las estructuras mercantiles necesarias para la nueva dimensión del comercio a finales del siglo XV debían cambiar respecto a las de épocas anteriores. Las transformaciones introducidas durante los doscientos años finales de la Edad Media impusieron unos métodos más racionales en la gestión y administración de los negocios, que unificaran criterios y permitieran las actividades de las empresas mercantiles en lugares distantes. Y es precisamente a la universalización de métodos de gestión a lo que R. de Roover atribuyó la auténtica revolución comercial.
La gestión de las nuevas organizaciones comerciales se desarrolló gracias al uso de técnicas contables también revolucionarias. Por un lado, la adopción de la numeración arábiga en vez de la romana, mucho más fácil de manejar. Por otro, la contabilidad por partida doble, que permitía ordenar los confusos apuntes anteriores, al asignar a cada cliente de un banquero o comerciante una página en la que se anotaban en dos columnas el movimiento de su cuenta, en una todos las asientos de débitos y en la otra los créditos, el debe y el haber, con lo que se disponía continuamente del balance.

Moneda y crédito


Si las empresas comerciales, con todo el aparato administrativo en que se basaban, constituyen un elemento básico para el progreso del sistema mercantil, el otro fundamento es el establecimiento de un sistema financiero ágil y capaz de adaptarse a las necesidades impuestas por el propio impulso expansivo. De hecho, tal como ha quedado reflejado, la tendencia marcada por las grandes compañías italianas, mantenida por las alemanas que penetran en el XVI, es la de constituir sociedades bancario-mercantil-manufactureras.

Las fuerzas sociales de las ciudades


Las ciudades en la Baja Edad Media son, en expresión de Braudel, «auténticas corruptoras de las jerarquías tradicionales». Surgidas en el seno del mundo feudal, el progreso de la vida urbana está ligado al desarrollo de la economía, lo que dio lugar a nuevas vías para el enriquecimiento individual y a la aparición de nuevos valores colectivos, en los que la fortuna y la profesión se convierten en elementos primordiales para la promoción social.

La oligarquía urbana: burgueses y patricios


Desde el siglo XIII, las ciudades pasan a ser gobernadas por una minoría privilegiada que se hace con el control político en virtud de la superioridad otorgada por su riqueza, su prestigio social y su fuerza, argumentos siempre relativos y de difícil valoración. Este grupo está, fundamentalmente, compuesto por dos tipos de ciudadanos, los nobles y los burgueses.

Los artesanos y su organización


A finales del siglo XIII el sector de la sociedad urbana dedicado al trabajo mecánico y a la producción manufacturera había llegado a ser por número la parte más importante de la sociedad civil. El esbozo asociativo anterior había cumplido su misión en defensa de los intereses profesionales comunes, impulsando la participación artesanal en la vida municipal y actuando como fuerza social en los movimientos comunales frente al poder señorial. Pero a lo largo del siglo XIV se hizo necesaria la reforma del sistema corporativo.

Tensiones y revueltas urbanas


Los levantamientos urbanos no son, como tampoco lo eran las revueltas campesinas, un rasgo específico derivado de la situación atravesada en los dos siglos finales de la Edad Media,si bien están favorecidas por el desarrollo de la vida urbana y el tipo de sociedad establecido en las ciudades.

La revuelta de París de 1358





La revuelta urbana de París estuvo encabezada por Etienne Marcel, preboste de los mercaderes, apoyado por Robert Le Coq, obispo de Laon y arranca tras conocerse la derrota de Poitiers y el cautiverio del rey Juan (septiembre de 1356). La población acusó a los consejeros reales y a la nobleza de mal comportamiento militar y de haber dilapidado los impuestos extraordinarios exigidos. Desde enero de 1357 las fuertes protestas callejeras contra la modificación monetaria y otros acuerdos reales se extendieron de París a otras ciudades del reino: Arrás, Rouen, Toulouse, Laon, Amiens, etc. Etienne Marcel consiguió que el Parlamento (los Estados Generales), presionado por los grupos populares,se hiciera con el control de la recaudación de los impuestos y el funcionamiento del Consejo Real, otorgando a las clases inferiores no sólo la represión de los abusos de los oficiales, sino el derecho a defenderse violentamente contra ellos, lo cual permitió aplacar un tanto los ánimos.


Si deseas complementar tus conocimientos sobre la baja edad media te recomiendo el siguiente link



ACTIVIDAD




BIBLIOGRAFÍA


García, J.A Y Sesma, J.A. (2008). La construcción de los espacios políticos europeos, en Manual de Historia Medieval (183-216). Madrid: Alianza Editorial, S.A

Pinterest. El catálogo global de ideas (2017). En: https://es.pinterest.com/pin/479422322813170088/ (19 de abril , 7:50)

Pinterest. El catálogo global de ideas (2017). En: https://es.pinterest.com/pin/479422322813170088/ (19 de abril, 8:50)

El Blog de Joseph. (2017) En:https://wfosbery.tumblr.com/post/5968405463/rebeldes-sin-causa-20-quien-piense-que-las (19 de abril , 7:50)









viernes, 7 de abril de 2017

ECONOMÍA RURAL Y SOCIEDAD CAMPESINA

ECONOMÍA RURAL Y SOCIEDAD CAMPESINA



A finales del siglo XIII la sociedad rural culminó un largo período de crecimiento. A partir de ese momento y durante varias generaciones, se abrió una época de transformaciones a la búsqueda de una nueva estabilidad. El campo no sólo se verá afectado por las violentas manifestaciones externas —hambres, epidemias y guerra—, sino por la alteración de sistema de producción y distribución, es decir por su estructura feudal. El agotamiento del movimiento expansivo provocó la caída de la renta señorial y condujo a los señores a elevar sus exigencias y, por un acto político, buscar una salida a su situación. El incremento de la presión fiscal, en un período de carencia, desencadena la revuelta y la violencia, en acciones que a pesar de su fracaso deben ser consideradas como catástrofes sociales históricamente necesarias para establecer una nueva ordenación.


La adaptación de las economías rurales


En general, está aceptada la tesis de que la economía agraria entró en una fase de crisis a finales del siglo XIII que culminó a consecuencia de la quiebra demográfica y los movimientos poblacionales asociados de mitad de la centuria. La tradicional descripción de esta etapa depresiva plantea como causa desencadenante el sostenido impulso demográfico de los siglos anteriores, que había obligado a la extensión de los espacios cultivados por suelos de escasa productividad, o intensificando la roturación con la consiguiente amenaza de romper el equilibrio ecológico, o bien procediendo a la excesiva fragmentación de las parcelas familiares de explotación.
A raíz de las mortandades, la transición emprendida en el mundo campesino europeo permitió salir de la crisis sin abandonar las estructuras feudales tradicionales. La reordenación estuvo apoyada en tres transformaciones básicas: los objetivos de la producción, los sistemas de trabajo y las relaciones de dependencia social.


Los nuevos objetivos de la producción campesina


Además de la atención a los cereales, las principales modificaciones se centran en el desarrollo de la ganadería, el auge de la viticultura y el ejercicio de una agricultura diversificada.


La producción de cereales





El cultivo de cereales constituye el elemento básico de la economía agraria. Lentamente, desde comienzos del siglo XIV, la evolución de la producción cerealista en el conjunto europeo describirá un doble proceso; por un lado, una sucesión de malas cosechas en amplias regiones de Europa, con rendimientos por debajo del 15% de las medias habituales, alternadas con años de producción extraordinaria, lo que descontrolaba el normal movimiento de distribución; por otro, una tendencia voluntaria del campesinado a la reducción del espacio dedicado a cereal.

El impulso de la ganadería


El desarrollo de la ganadería arranca tanto por la demanda de lana por parte de la industria textil, como por el fácil aprovechamiento de los campos arables abandonados y convertidos en pastizales para el ganado. El trabajo pecuario exigía menos mano de obra, lo que en un momento de incremento de los sueldos significaba la reducción de los costes, que unido a la estabilidad de los precios de la lana en los mercados internacionales y al crecimiento de la demanda de carne y productos lácteos para el consumo ciudadano, garantizaban una buena rentabilidad.

La vid y el vino


Para plantear el auge experimentado por la viticultura, no es necesario suponer el incremento de la producción de vino, ni siquiera la ampliación del espacio dedicado al viñedo. Como deduce Le Roy Ladurie para Languedoc, en la mitad sur del continente se origina un retroceso general de la superficie agrícola destinada a la vid como consecuencia del abandono de viñas cultivadas en tierras poco apropiadas y, en consecuencia, globalmente la cantidad de vino producida a finales del XIV sería menor que en sus inicios.
Esta actividad no debe considerarse como una innovación en sentido estricto, pues data de antiguo la existencia de viñedos en las inmediaciones de las ciudades. La transformación en estos momentos radica en la reorganización de la gestión de la producción y en la mejora de la calidad para competir en los mercados urbanos con los vinos foráneos.




Hacia una agricultura diversificada


La agricultura diversificada constituyó la respuesta adoptada en ciertas áreas europeas capaces de introducir cultivos muy especializados para romper el ritmo tradicional de rotación y abrir el estrecho abanico de labores destinadas al auto-consumo. Por una parte, en las regiones mediterráneas y las cuencas de los grandes ríos europeos se aprovecharon las condiciones climáticas y de regadío para conseguir la aclimatación de determinadas plantas y productos destinados a los circuitos comerciales de los mercados urbanos, es el caso de los cítricos, frutos secos, azúcar, arroz, olivo y productos horto frutícolas, y del lino y otras fibras textiles, de la hierba pastel y los colorantes vegetales, del azafrán y el moral como base para la producción de seda.

Descienden los precios y aumentan los salarios


El precio de los cereales depende de la demanda, o mejor dicho, de la capacidad de la producción para cubrir una demanda muy estable a corto plazo. Las alteraciones climáticas y las actuaciones especulativas provocan oscilaciones violentas: los precios se cuadriplican cuando el volumen de la oferta desciende a la mitad y un año de mala cosecha puede significar para los grandes productores un gran beneficio, mientras que para los pequeños y medianos supone graves pérdidas y para la masa de consumidores un período de hambre y privaciones. No obstante, estas pulsiones son extraordinarias y tienen una duración breve, volviéndose al comportamiento regular al alcanzarse una cosecha normal que de nuevo cubra la demanda habitual.
Por lo que respecta a los salarios agrícolas, su comportamiento es inverso al de los precios, como consecuencia de la profunda caída de la población. En general, la tendencia alcista arranca a comienzos del Trescientos, pero será la epidemia la causa de un fuerte tirón, hasta llegar a duplicarlos y a triplicarlos, que se mantendrá hasta finales del Cuatrocientos.

Los trabajos rurales no agrícolas


Tradicionalmente, en las aldeas campesinas se había desarrollado siempre una actividad artesanal de tipo familiar que atendía las necesidades de la comunidad; además, en alguna comarca donde la existencia de materia prima adecuada permitía la producción más allá del simple auto-consumo, el trabajo doméstico se canalizaba hacia los intercambios con las poblaciones próximas, constituyendo un complemento a la economía de subsistencia de algunas familias.






La minería y la metalurgia son por naturaleza actividades rurales, sobre las que siempre ha incidido la penetración del capital mercantil. En los procesos de extracción y transformación del mineral intervienen varios niveles de trabajadores: mano de obra sin preparación, obreros cualificados y especialistas.


MERCANTILISMO




Los nuevos sistemas de trabajo y gestión


Una gran parte del éxito de esta transformación que hemos observado tiene su apoyo en la mejora del nivel y las condiciones de utilización de las fuerzas productivas. Mientras la dirección del trabajo estuvo en manos de los campesinos, y los propietarios o señores se limitaban a percibir las rentas, el proceso de producción experimentó pocos avances en las técnicas de trabajo y de rendimientos. La introducción de los nuevos cultivos y las innovaciones de los métodos tradicionales sólo fueron posibles cuando los patronos, al imponer sus intereses económicos en la gestión agrícola, impulsaron cambios importantes en la elección de las producciones y el sistema de trabajo, en la evolución del paisaje rural y en las relaciones personales.

Nuevas formas de explotación de la tierra: arrendadores y jornaleros


La reconstrucción de las grandes explotaciones, incluso las señoriales,supuso la reordenación del territorio y la recomposición del encuadramiento de los hombres. Ni las propiedades burguesas ni los revitalizados señoríos buscaron la restitución de las formas de explotación anteriores a la crisis, sino que se establecerán nuevas fórmulas de relaciones laborales entre el propietario y el campesino. La escasez de mano de obra permitía iniciar una fase de mayores ventajas para el trabajador y que se generalizasen figuras que serán clásicas a partir de entonces en el mundo campesino, como la del arrendador y la del jornalero. El final del período coincidirá con la perversión de ambos modelos y la pérdida de casi todas las ventajas alcanzadas por los trabajadores rurales.

La articulación del campesinado


A finales del siglo XV una parte de los campesinos de Europa occidental habían superado la tradicional condición de dependencia personal, por lo que jurídicamente se caminaba hacia una paulatina igualación; en su lugar se había producido una estratificación en el plano económico que nos permite hablar casi de clases campesinas, con unos pocos que tenían el control de amplios espacios y se constituían en explotadores rurales, un bloque intermedio que ha conseguido estabilizarse, desarrollar una actividad económica básica e introducirse en los centros de decisión de la comunidad, y, por debajo, un grupo muy numeroso, formado por pequeños campesinos que tras un período de cierta bonanza, conforme avanza el siglo XV ven peligrar sus conquistas, igual que los jornaleros, cada vez más próximos a los residuos de un campesinado dependiente que todavía perdura muy disperso en muchas comarcas.



Las comunidades rurales


En líneas generales, el proceso de reconstrucción tras los momentos más intensos de la crisis sirvió para fortalecer la sociedad campesina y dotarla de una cohesión que hasta entonces no había tenido. La pérdida de exclusividad de los señoríos como sistema de encuadramiento de los hombres, significó la extensión de las comunidades vecinales, los concejos y las parroquias como formas para agrupar al conjunto de los campesinos en defensa de susintereses colectivos y para organizar la vida en común. El impulso experimentado por los núcleos rurales no dependerá únicamente del número de habitantes ni de su calidad, sino que irá ligado a la necesidad de coordinar los esfuerzos ante problemas que afectaban al conjunto.

Las revueltas campesinas





Los levantamientos campesinos —y urbanos— localizados en toda Europa en los siglos XIV y XV no pueden comprenderse como simples manifestaciones de la crisis económica, es preciso integrarlos en el contexto general del sistema feudal y considerarlos, por tanto, un rasgo ineludible de las relaciones sociales propias de tal sistema. Así pues, para analizar en su conjunto estas sublevaciones conviene precisar que no se trata de fenómenos o acontecimientos específicos o peculiares del período de crisis y que, si bien es cierto que durante esas dos centurias finales de la Edad Media se produce una mayor concentración, no es posible contraponer una etapa de paz social en los siglos XI-XIII, con esta otra caracterizada por los disturbios.
La geografía y la cronología de lasrevueltas bajomedievalestambién proporcionan elementos interesantes de análisis. Las sublevaciones, rurales y urbanas, se distribuyen, fundamentalmente, en el norte de Francia, Flandes marítimo, la cuenca de Londres en Inglaterra, Florencia y las áreas más urbanizadas de Italia, Cataluña y Languedoc, regiones económicamente avanzadas y con buen desarrollo de la agricultura. En el tiempo, el período de mayor intensidad corresponde a la segunda mitad del siglo XIV, coincidiendo con el descenso demográfico, la caída de los precios de los cereales y el alza de los salarios, es decir, con la denominada edad de oro del campesinado. Conviene, por tanto, modificar el sentido habitual que se les atribuye de ser consecuencia de la exasperación popular ante las calamidades, no produciéndose en momentos de carestía,sino que se dan en momentos de mejora en la situación de las clasesinferiores.



ACTIVIDADES


En el siguiente link podrás encontrar una divertida actividad con relación al a lectura y vídeo anterior.



En el siguiente link encontrar varias actividades con relación a la edad media, diviértete y aprende resolviéndolas.



BIBLIOGRAFÍA

García, J.A Y Sesma, J.A. (2008). La construcción de los espacios políticos europeos, en Manual de Historia Medieval (183-216). Madrid: Alianza Editorial, S.A

Youtube (2017). Mercantilismo, En: https://www.youtube.com/watch?v=lOWGB8J8vg0&t=41s  (abril 6, 9:35).

Pinterest. El catálogo global de ideas (2017). En: https://es.pinterest.com/pin/479422322813170088/ (abril 6, 8:50)