jueves, 30 de marzo de 2017

Demografía y poblamiento

DEMOGRAFÍA Y POBLAMIENTO: CAÍDA DEMOGRÁFICA Y REJERARQUIZACIÓN DEL HÁBITAT

La quiebra demográfica





El crecimiento de la población occidental sostenido hasta muy avanzado el siglo XIII había necesitado del aumento igualmente constante de la producción agrícola para atender las demandas de alimento. Dada la limitada capacidad técnica de la agricultura, este incremento sólo era posible con la ampliación de los campos de cultivo, bien por la incorporación de nuevos espacios improductivos o por la conversión de pastizales y bosques en tierras de labor. A finales del siglo XIII la superficie agrícola se había ampliado en toda Europa, aunque lo había hecho todavía más, en términos relativos, la red urbana que englobaba una población en rápido desarrollo. Los habitantes de las ciudades, que suponían en algunas regiones la cuarta parte de la población total, absorbía un gran porcentaje de la producción regular de alimentos, lo que imponía un ritmo creciente a la agricultura, difícil de sostener, porque la expansión presentaba cada vez mayores dificultades, por el recurso a terrenos marginales de escaso rendimiento y porque las roturaciones masivas amenazaban con romper el equilibrio ecológico y productivo.

La población europea en vísperas de la crisis


Es un dato generalmente admitido que a mediados del siglo XIV, tras el apogeo demográfico, la población de Europa sufrió un brusco descenso. La cifra de 86 millones de habitantes calculada por Russell para 1340 supone una valoración aceptable en la progresión mantenida desde el siglo XI, aunque de difícil interpretación por la irregularidad de la distribución territorial y el valor relativo de los datos poblacionales respecto al medio.

Los campos parecen estar llenos... y las ciudades también


La escasez y relatividad de las cifras debe completarse con la matización de las sensaciones. El comportamiento de la sociedad en ciertas áreas rurales nos acerca a la impresión de estar ante un espacio lleno. El proceso de fragmentación de las parcelas trabajadas por las familias campesinas, los esfuerzos desplegados para conseguir ampliar modestamente el parcelario a costa de terrenos pobres a los que hay que aplicar duros tratamientos para hacerlos producir y la aceptación por los colonos de las fórmulas de explotación aplicadas en los señoríos, sólo se entienden en una situación de hambre de tierras.
En el medio urbano también resulta fácil conectar las cifras aisladas que conocemos y las sensaciones ampliamente difundidas. La red de ciudades establecida en el Occidente europeo había llegado a su plenitud, hasta el punto de que prácticamente en los siglos siguientes, hasta tiempos modernos, no se establecieron nuevos núcleos.

La peste negra y la guerra


También sensaciones y cifras se unen para dar una imagen terrible del impacto provocado a mediados del siglo XIV por la epidemia de peste. La impresión de desolación transmitida por los contemporáneos, que sólo son capaces de asimilarla concibiéndola como un castigo divino, y el recuerdo mantenido en las generaciones posteriores, que la han utilizado siempre como referencia de sus peores situaciones, son resúmenes sin cuantificar del alcance. La peste negra, llamada así por el color negruzco de los bubones, póstulas y manchas que cubrían la piel de los infectados, llegó a Europa desde Asia siguiendo las rutas del activo comercio establecido por los mercaderes italianos.





Las dos zonas de entrada al continente fueron marítimas, los puertos del mar Negro y del Mediterráneo occidental (Mesina y Marsella), y desde ellas se produjo una rápida expansión que entre noviembre de 1347 y mediados de 1350 recorrió la práctica totalidad del territorio europeo: Italia, Francia y península Ibérica antes del verano de 1348, saltando a Inglaterra a finales de ese año, al siguiente las tierras del centro y norte de Europa y, por último, en 1350, los países del área báltica. En cada uno de estos lugares, durante seis meses aproximadamente, la muerte se cebaba en una población prácticamente indefensa.


LA PESTE NEGRA





A juzgar por los datos disponibles, parece claro que fueron las poblaciones de Francia e Inglaterra las más castigadas del continente. En el recorrido de la epidemia pueden encontrarse pequeños círculos en los que la incidencia fue muy leve o no se produjo, como Bearn, Hungría, comarcas de Hainaut o Brabante, entre otros.
El desquiciamiento demográfico a raíz de estas sucesivas epidemias se vio incrementado por un descontrolado movimiento de las poblaciones sobrevivientes. En las ciudades se producirá una aglomeración desordenada de recién llegados, al tiempo que en muchas zonas rurales se abrirá un período de convulsiones guerreras que incrementará el desasosiego de la sociedad. Las primeras acciones de la guerra de los Cien Años, la guerra civil castellana, la guerra de Escocia, la de las ciudades italianas y la de la Hansa en el Báltico contribuyeron a alterar la estabilidad de las poblaciones, que se vieron impulsadas a huir para buscar cobijo en la ciudad.

LA GUERRA DE LOS CIEN AÑOS




La lenta recuperación del siglo XV


El siglo XV debe considerarse como de recuperación. No obstante, los rebrotes de peste continuaron produciéndose con cierta gravedad, aunque más localizados en el espacio y con efectos menos demoledores, fundamentalmente porque junto a la natural inmunidad adquirida, se había producido la mejoría general de las condiciones físicas y un cambio en las costumbres alimenticias de la población, todo ello apoyado en la reorganización de la producción agrícola. 
El factor principal que nos obliga a hablar de recuperación demográfica no está claramente centrado en una disminución de la mortalidad, sino en el aumento de la fecundidad y en la renovación de la población. La reacción inmediata que se observa en la sociedad europea tras el primer ataque de la peste es un fuerte estímulo procreador manifestado en primer lugar por el aumento de la nupcialidad.

La reorganización de la población


El espacio es un elemento organizado socialmente, es decir, no constituye un marco natural inalterable en el transcurso de la historia, sino los grupos sociales que lo utilizan lo transforman según sus actividades. Los hombres, al ocupar un espacio definido se apropian de él. Esta apropiación se realiza a partir de los núcleos de población, cuyo tipo está, en última instancia, determinado por factores económicos y sociales. Los cambios en la ordenación del poblamiento a finales de la Edad Media no fueron consecuencia exclusiva de los efectos de la peste y el hambre, ni de los episodios de guerra, que tuvieron un papel decisivo en alguna región, sino que el factor director del cambio hay que buscarlo en las migraciones, en los movimientos de la población que llevaron nuevas gentes a regiones ricas y suelos fértiles, en detrimento de las pobres que los expulsaron.

La selección de los lugares habitados


Esta tendencia se observa a gran escala con los traslados a largas distancias de grupos de colonos, pero también en recorridos cortos, con los abandonos de las tierras marginales, en beneficio de las más productivas y cómodas, normalmente en la llanura, lo que implica un movimiento de la población desde sus asentamientos en altura o en lugares poco saludables para ocupar los vacíos surgidos en localidades mejores y mejor comunicadas.

Los despoblados


La principal modificación del poblamiento en las distintas regiones europeas fue la aparición de despoblados, es decir, la existencia de amplios espacios sin núcleos de habitación. Todos los factores antes mencionados contribuyeron, en distinta medida en cada región, a fomentar la desaparición de sus anteriores pobladores, y a marcar las diferencias interregionales que se mantendrán vigentes en Europa durante los tres siglos siguientes, hasta la revolución industrial.

Hacia una Europa de las ciudades


Es difícil fijar con precisión los criterios que distinguen un núcleo urbano de otro no urbano. Para un geógrafo o un historiador de épocas modernas, el nú- mero de habitantes (más de 5.000) es un argumento muy significativo; para un medievalista, las dificultades de llegar a cifras fiables y el valor relativo que presentan hacen inservible el argumento de la cantidad, además de que no pueden obviarse otros conceptos, como el estatuto jurídico, la estructura física y las actividades económicas y culturales, por ejemplo, que desempeñan un papel muy destacado en el sistema de valores del hombre medieval. Esta realidad, no obstante, no debe ocultar la necesidad de fijar conceptos que permitan definir y delimitar el mundo rural y el urbano, y procurar, aunque sea con métodos perfeccionables, alcanzar criterios sustantivos de comportamiento que, en especial ante los fenómenos de larga duración, puedan aplicarse en ciudades de un mismo entorno cultural. Quizá el dato demográfico y la proporción existente entre la población rural y la urbana no sean exactos para la época medieval, pero son de aplicación universal y, sin caer en la rigidez, constituyen argumentos válidos de definición y jerarquización.


ACTIVIDAD

Con base en la lectura anterior y los vídeos, anímate a resolver el siguiente test y la siguiente sopa de letras.




Si deseas divertirte y aprender más sobre la Baja Edad Media te recomiendo visitar el siguiente link.




Bibliografía

García, J.A Y Sesma, J.A. (2008). La construcción de los espacios políticos europeos, en Manual de Historia Medieval (183-216). Madrid: Alianza Editorial, S.A

youtube (2017).  La Peste Negra. En: https://www.youtube.com/watch?v=cTGOcqsRlyc (marzo 30, 8:50)

youtube (2017). La Guerra de los Cien Años. En:  https://www.youtube.com/watch?v=3nEblQCwqCY (marzo 30, 8:58)











jueves, 23 de marzo de 2017

LA CONSTRUCCIÓN DE LOS ESPACIOS POLÍTICOS EUROPEOS

  

LA CONSTRUCCIÓN DE LOS ESPACIOS POLÍTICOS EUROPEOS


En el siglo XI, los espacios de poder eran fundamentalmente los señoríos rurales. En cada uno de ellos, su señor había aceptado la norma de convivencia transmitida por la costumbre o había impuesto otra que le aseguraba la facultad de interpretarla y de juzgar a sus dependientes, además de los recursos económicos para disponer de una fuerza privada. En los dos siglos siguientes, la sociedad europea vivió un proceso de ordenación y jerarquización de las competencias de los señores que éstos ejercían muchas veces sobre unas mismas personas y tierras. Este proceso se caracterizó por dos rasgos generales. De un lado, no fue lineal e inevitable sino que estuvo sujeto a aceleraciones y retrocesos. De otro, acabó desembocando en diversas escalas espaciales: el reino (Castilla), el principado territorial (Baviera), una mezcla de ambos (Polonia), la república urbana (Venecia). En general, los objetivos y los instrumentos desplegados por el poder fueron similares. Las variaciones dependieron de las fuerzas en presencia en cada lugar y momento y del marco socioespacial en que cada uno trató de plasmar sus intenciones.


La teoría y la práctica del ejercicio del poder


La sociedad europea se caracterizaba en el siglo XI por una fragmentación de la autoridad y la existencia de una jerarquía de poderes sobre unos mismos espacios y unas mismas personas. Ese doble componente, asentado sobre una economía esencialmente rural y vigorosos vínculos privados entre señores, configuró la sociedad feudal. Dentro de ella, el argumento de la evolución política entre los años 1050 y 1280 parece marcado por dos tendencias sólo en apariencia contradictorias. La primera fue el fortalecimiento social y económico de los señoríos, incluidos los señoríos colectivos urbanos. La segunda fue el paso progresivo de la monarquía feudal (la que concebía al rey como señor de señores, cima de una pirámide de señores vinculados por contratos feudovasalláticos) a la monarquía corporativa de base territorial (con un espacio político, delimitado por fronteras y encabezado por un rey, constituido socialmente por un conjunto de corpora: los señoríos —laicos y eclesiásticos— y los municipios de realengo con sus corporaciones de oficios y su diversidad social).


EL FEUDALISMO



La construcción territorial y política de los reinos


El espacio político europeo se caracterizaba a mediados del siglo XI por su extrema fragmentación en múltiples células (pequeños reinos, principados, condados, señoríos), cada una dotada de su ordenamiento jurídico. A partir de ahí, su número se redujo en beneficio de construcciones políticas más grandes y centralizadas. A finales del siglo XIII, dentro de cada una de esas células mayores, se constata la identificación entre tres elementos (población, territorio y autoridad de un príncipe), la elaboración de una doctrina y el ejercicio de una práctica que aseguraba un aceptable nivel de funcionamiento de las relaciones entre los tres componentes y, en igual medida, una individualización de cada construcción política.

Las vicisitudes de los reinos europeos


La historiografía suele distinguir tres grandes tipos de evolución política (Imperio; reino; ciudad-república) y cuatro grandes espacios políticos. Éstos fueron: el Imperio, con sus escenarios alemán, borgoñón e italiano. Las monarquías de la periferia norte y este de Europa, muy relacionadas con el Imperio. Las grandes monarquías feudales, esto es, Inglaterra y Francia. Y los reinos hispánicos que, salvo Navarra, se ampliaron mediante la conquista de territorios en manos musulmanas.

El Imperio: ¿universal o alemán?


La historia del Imperio en los siglos X a XIII fue la de una contradicción entre las pretensiones de los emperadores a tener un papel hegemónico en la Cristiandad como cabeza de la única societas christiana, en competencia con el papa, y sus deseos de asegurarse un espacio político centralizado y territorializado. Esa contradicción se mostró irresoluble, y el Imperio, asentado territorialmente en Alemania, Italia y, desde 1033, Borgoña, no alcanzó ninguno de los dos objetivos.

La construcción de los reinos periféricos europeos


La historia política del Imperio tuvo sus escenarios en Alemania e Italia pero su influencia fue decisiva en el norte y el este de Europa. En estas tierras periféricas, desde el siglo X, la conversión al cristianismo fue acompañada por el doble fortalecimiento de las jefaturas monárquicas frente a las aristocráticas y de la estructura feudovasallática de una nobleza dominadora del campesinado, todo ello en territorios poco poblados y, salvo en la costa, con escasa implantación de ciudades. Este conjunto de procesos tuvo un ritmo diferente según los escenarios, ocupados, a su vez, por pueblos de distintos orígenes: de norte a sur, escandinavos, eslavos y húngaros. En general, y hablando en términos espaciales, Hungría fue la más receptiva, y Suecia, la más reluctante a la aceptación de los procesos enunciados.

El reino de Inglaterra y el imperio angevino


La tradición historiográfica considera un tercer espacio de desarrollo político en la Europa de los siglos X a XIII el constituido por las llamadas «monarquías feudales» de Inglaterra y Francia, aunque en los dos casos se plantean problemas derivados del principio de que cada pueblo tiende a apropiarse de la historia del espacio sobre el que se asienta. En otras palabras, muchas veces, vemos el sustrato espacial de la historia medieval desde la perspectiva de los Estados contemporáneos.


Los cambios en la representación del reino: la Carta magna y el Parlamento


Ricardo I Corazón de León (1189-1199) sucedió a su padre, Enrique II, al frente de los dominios de los Plantagenet pero su presencia en Inglaterra fue 8. La construcción de los espacios políticos europeos 273 muy escasa durante su corto reinado. Juan I Sin Tierra (1199-1216) sucedió a su hermano Ricardo y heredó un imperio angevino bien organizado. La personalidad inestable del monarca, el fortalecimiento de los grupos sociales del reino y la talla de su adversario más directo, Felipe II Augusto de Francia, contribuyeron a su debilitamiento. El fracaso del rey Juan I en la defensa de las posesiones continentales precipitó los hechos. En cinco años, la mitad de los dominios de los Plantagenet en Francia pasaron a manos de Felipe II Augusto. Para agravar el caso, Inocencio III, cuyo candidato a la sede de Canterbury disgustaba al rey, pronunció un interdicto sobre el reino, excomulgó a Juan I y desvinculó a sus vasallos del juramento al monarca y el reino reconoció su vasallaje respecto a la sede papal. El golpe de gracia llegó cuando, en 1214, las tropas de Juan I, aliadas a las del emperador Otón IV de Brunswick, fueron derrotadas por las del rey francés Felipe II Augusto en Bouvines. En unos meses, los nobles, el arzobispo de Canterbury y varias ciudades plantearon a Juan I sus reivindicaciones, que el monarca tuvo que aceptar, sellando, en junio de 1215, la Magna charta libertatum (carta magna). En ella se trató de poner límite a la actuación del monarca en beneficio de una restauración de antiguas costumbres feudales que favorecía a la nobleza, reconocida ahora como cuerpo representativo del reino, sobre todo. A su lado, algunas ciudades vieron confirmados sus privilegios pero no alcanzaron la representatividad política que las ciudades leonesas, castellanas o catalanas habían empezado a tener.

LA CARTA MAGNA



La construcción de un reino de Francia


En el año 987, Hugo Capeto, hijo de Hugo dux Franciae, que había sido una especie de mayordomo de palacio, aprovechó la ocasión de la muerte del que iba a ser último rey carolingio y se hizo con el trono. Entre aquel año y 1223, en que murió Felipe II Augusto, Francia pasó de una situación en que su nombre era una expresión meramente geográfica a otra en que se había rellenado de contenido político.

LOS CAPETOS



La afirmación y culminación de una monarquía en Francia


El reinado de Felipe II Augusto (1180-1223) representó el definitivo fortalecimiento de los procesos de formación (política y territorial) que los reyes Capetos habían puesto en marcha desde 987. En el primer aspecto, el monarca aprovechó la dinámica del reinado de su padre, Luis VII, para incrementar el dominio real y debilitar los grandes principados. Apoyado en ideas de base romanista, Felipe fortaleció la conciencia de la existencia de un espacio (Francia) bajo la autoridad de un rey que, además de tener vinculados personalmente a los grandes vasallos, reclamaba de todos los habitantes del reino un vínculo de naturaleza.


Los reinos hispánicos: de la frontera a las Coronas


La construcción de los espacios políticos en la península Ibérica en los siglos XI a XIIIse desarrolló en parte a costa de los poderes y espacios de Al-Ándalus, lo que permitió desviar tensiones internas, brindar fortuna y movilidad y crear una mentalidad de riqueza rápida, además de facilitar grandes recursos al respectivo monarca como jefe de la empresa de reconquista.

ACTIVIDADES


Luego de haber realizado las lecturas y de haber visto los vídeos, los invito para que realicemos las siguientes actividades.

https://www.educaplay.com/es/recursoseducativos/2895389/sopa_de_letras.htm




En el siguiente link podrán jugar y complementar sus conocimientos de la edad media.

http://aprendesociales.com/historia/edad-media.php


BIBLIOGRAFÍA



García, J.A Y Sesma, J.A. (2008). La construcción de los espacios políticos europeos, en Manual de Historia Medieval (183-216). Madrid: Alianza Editorial, S.A

Pinterest. El catálogo global de ideas (2017). En: https://es.pinterest.com/pin/479422322813170088/ (23 marzo, 8:50)

Youtube. (2017), Creación de las Universidades. En: https://www.youtube.com/watch?v=G-HRBiEc8vo (23 marzo, 9:50)

Youtube. (2017), Creación de las Universidades. En: https://www.youtube.com/watch?v=nm9odiOqiQI (23 marzo, 9:55)

Youtube. (2017), Creación de las Universidades. En: https://www.youtube.com/watch?v=VhmwyAKnCMA (23 marzo, 9:45)







viernes, 17 de marzo de 2017

LA CONFORMACIÓN SOCIAL Y MENTAL DE LA EUROPA MEDIEVAL

Hola amigos, en esta ocasión aprenderemos sobre la conformación social y mental de la Europa medieval, prepárate para este interesante capítulo.





LA CONFORMACIÓN SOCIAL Y MENTAL DE LA EUROPA MEDIEVAL


La estructuración de una sociedad, con su jerarquía y sus códigos de valores y actitudes, fue un proceso que la Europa de los siglos XI a XIII vivió en paralelo con los de dominio y organización social del espacio. La acuñación de imaginarios y realidades sociales y la normalización de ideas y comportamientos por parte de la sociedad europea fueron factores y consecuencias de su transformación en un sistema social dotado de una cosmovisión que incluyó una mayor consciencia en el conocimiento y dominio del individuo, el tiempo y el espacio. Por lo que respecta al primero, según el imaginario impuesto, la sociedad se configuraba como una sociedad estamental constituida por tres órdenes (clérigos, nobles, pueblo) con funciones específicas cuyo cumplimiento aseguraba una armonía que traducía el orden del cosmos creado y mantenido por Dios, aunque la realidad social se mostró, de hecho, menos armónica. En cuanto al tiempo, la aparición de los relojes y el establecimiento, dentro de las familias, de una memoria histórica y la fijación de sistemas antroponímicos, que guardaban el nombre del padre y aún el del solar del grupo, fueron indicios de los progresos de su dominio. Por fin, el control del espacio se manifestó tanto en la mínima célula del solar familiar como, pasando por los reinos, en la gran célula de la Cristiandad latina. 

Imaginarios y realidades de la sociedad 

En los siglos XI a XIII, la fracción de la población europea que, dotada de autoridad y poder, poseía medios para difundir una específica cosmovisión concibió la sociedad como un mundo armonioso y funcional. Como producto de un equilibrio entre grupos sociales, necesario para desarrollar el plan de Dios sobre los hombres, fundamentalmente, su salvación eterna. El hombre medieval se sentía como un homo viator (hombre viajero), como peregrino puesto por Dios en la vida para desarrollar un papel concreto. Frente a ese imaginario, funcional y armó- nico, la realidad social se manifestó casi siempre con agresividad. 

Las concepciones orgánicas de la Cristiandad latina


En la esfera del imaginario de la sociedad, los siglos XI a XIII se caracterizaron por la consolidación de una doble concepción trinitaria. Según ella, la sociedad visible se componía de tres órdenes (oratores (los que oran), bellatores (los que luchan), laboratores (los que trabajan) y la sociedad invisible de otros tres (bienaventurados en el cielo, purgadores en el purgatorio, condenados en el infierno). En ambas sociedades, salvo para los ya condenados, el rasgo esencial era su carácter orgánico, la convicción de que cada miembro formaba parte de un único cuerpo. Esta idea, que arrancaba de expresiones de Cristo recogidas en los Evangelios, había hallado en las epístolas de san Pablo una primera formulación en su doctrina del cuerpo místico: Cristo como cabeza y los hombres como miembros de un cuerpo reunidos en la Iglesia.




La configuración de la sociedad

La representación de la sociedad, su imaginario, constituyó tanto un instrumento de explicación como de ahormamiento(amoldar), de esa misma sociedad. Sus beneficiarios aspiraron a «realizarlo», a convertirlo en real. Y los trazos más gruesos de esa realidad permiten distinguir sus tres grupos más significativos: los señores, los campesinos, los habitantes de las ciudades.

- Los señores: aristocracias, nobleza, caballería.
La voz latina senior, además de su sentido de mayor en edad, incluía un componente de     superioridad en dignidad o poder. Su base radicaba en el reconocimiento de jefatura y         riqueza, cuyos fundamentos se hallaban tanto en los bienes patrimoniales como en el           ejercicio, delegado, reconocido o usurpado, de una autoridad que, a través del ejercicio de   variadas competencias, controlaba hombres y tierras. En definitiva, las bases de poder  de   los señores se hallaban en sus respectivos señoríos y, poco a poco, en la privanza               (primer   lugar en la gracia y confianza de un personaje) de que podían gozar cerca del         rey.

- Los campesinos: libertad, dependencia, enfranquecimiento. 
La gran variedad de vocablos referentes al campesinado reflejó la diferente posición ocupada por        cada familia en dos escalas: la de su situación jurídica (libertad, servidumbre, esclavitud) y la de su    situación económica (niveles de fortuna). Entre los años 1000 y 1280, ese campesinado evolucionó,    en líneas generales, de acuerdo con la secuencia siguiente: esclavitud o servidumbre - libertad -          entrada en dependencia - enfranquecimiento selectivo.   

- Los habitantes de las ciudades: conquista de libertades y formación del popolo.
Las ciudades de Europa vivieron en los siglos XII y XIII dos procesos. Uno, general, la         adquisición   de autonomía municipal y ciertas libertades individuales por parte de los         vecinos. Otro, particular de   los núcleos más poblados y de actividad económica más         intensa, la aparición y consolidación del         popolo, del pueblo en cuanto masa de             población.

La Iglesia, conciencia de la sociedad medieval europea 

La Iglesia se mostró como una institución ubicua en la sociedad europea de los siglos X a XIII. En ese tiempo, reforzó su presencia en todos los aspectos de la existencia individual o social: la medida del tiempo, la regulación de la sexualidad o la dieta alimenticia, la ordenación de los espacios de las aldeas y las ciudades, a través de sus templos o de los vínculos parroquiales, la renovación de la simbología pagana del vasallaje y de otros mil gestos de la vida cotidiana, la elaboración de la imagen que la sociedad tenía de sí misma... Más aún, la Iglesia consiguió que la noción geográfica de Occidente o de Europa se convirtiera en una realidad cultural, la Christianitas, la Cristiandad: conjunto de tierras y gentes de pueblos cuya lengua litúrgica era el latín y cuya obediencia en materia religiosa los vinculaba al obispo de Roma. El fortalecimiento de esa realidad cultural fue paralelo a otro proceso consistente en defiLa plena Edad Media (años 980 a 1280) 224 nir con rigor y justificar tanto la hegemonía de un papa en la Iglesia como la de una Iglesia en el mundo. 

- La reforma gregoriana
La «reforma gregoriana» fue un movimiento de renovación interna y fortalecimiento jurídico y organizativo de la institución eclesiástica. Su puesta en marcha se hizo bajo la proclama de «la defensa de la libertad de la Iglesia». Por tal libertas Ecclesiae, además de un deseo de reforma de las costumbres del clero, se entendía, ante todo y sobre todo, la firme voluntad de sustraer aquélla de la dependencia respecto a los laicos. 

- Las resistencias: pobres, milenaristas (es la doctrina según la cual Cristo volverá para reinar sobre la Tierra durante mil años) y cátaros (movimiento religioso de carácter gnóstico)  
Los rasgos comunes de las expresiones opuestas al sentir de la Iglesia fueron, sobre todo, dos. El primero, un débil componente teológico: salvo los debates de mediados del siglo XI en torno a la transustanciación eucarística y la insistencia de los cátaros en el dualismo maniqueo, el resto de las disidencias tuvieron su base en cuestiones morales. El segundo, el sentido antijerárquico de la expresión de disidencia: no tanto frente al conjunto de la sociedad como frente a la Iglesia, que los disidentes veían como una institución que había perdido su carisma espiritual a manos de un uniformismo legal. 

- Las órdenes mendicantes
En un sentido amplio, fueron instituciones autorizadas y encarriladas por el papa para encuadrar los movimientos de renovación que la sociedad demandaba. Ése fue el denominador común de dominicos, franciscanos, carmelitas y agustinos.

- Los comienzos de la Inquisición
La extensión de diversas corrientes heterodoxas en Italia y Francia, sobre todo, la de la herejía cátara en el Languedoc, impulsó a Inocencio III a crear un órgano de control de la doctrina y sus predicadores. La ocasión se la brindaron los acontecimientos del Mediodía francés. Allí, una vez que los cruzados de Simón de Montfort y, más tarde, los ejércitos del rey Luis VIII de Francia consiguieron dominar a los herejes, la Iglesia puso en marcha un La plena Edad Media (años 980 a 1280) mecanismo de pesquisa o inquisición sobre las conductas de los sospechosos, a los que, de ser culpables, entregaba a la autoridad secular para que ejecutara la condena, que podía llegar a la muerte en la hoguera. En 1232, la Iglesia encargó la tarea inquisitorial a los dominicos.




La diversificación de las formas culturales y la renovación del pensamiento 

El proceso de crecimiento protagonizado por la sociedad europea en los siglos XI a XIII alcanzó también la esfera de las expresiones culturales. Dentro de ella, los resultados más significativos fueron: la variedad y el vigor de las manifestaciones (intelectuales, artísticas) y el empleo deliberado de instrumentos tanto técnicos (la escritura, el latín) como metodológicos (la dialéctica) o institucionales (escuelas, universidades) que garantizaron la solidez y el progreso de la reflexión y la creación intelectuales. Pero todos estos resultados, a su vez, descansaron sobre un conjunto de rasgos que implicaban una verdadera renovación en el pensamiento y la sensibilidad de la sociedad europea. Tales fueron, entre otros: el nacimiento de la conciencia individual; la objetivación del hombre respecto a la naturaleza; los avances de la razón y la medida; y el fortalecimiento de la idea del tiempo y el de la historia, como progreso. El conjunto de aquellos resultados y de estos rasgos configuraron lo que la historiografía ha convenido en llamar «el renacimiento del siglo XII». 

- El triunfo de una cultura escrita en las escuelas 
El «renacimiento del siglo XII», en la estela de otros renacimientos anteriores, como el carolingio y el otoniano, volvió a ser una etapa de diálogo entre las preocupaciones del momento y las fuentes disponibles de la Antigüedad. Ya La plena Edad Media (años 980 a 1280) 234 en los siglos IX y X, en algunas sedes episcopales y, sobre todo, en numerosos monasterios, habían surgido escuelas. En todas ellas se leía o escuchaba la lectura de la Biblia. En algunas se copiaban fragmentos o se dibujaban ilustraciones, en especial, del Apocalipsis. Y, por fin, en unas pocas, los monjes se adentraron en el conocimiento de autores clásicos.

- El éxito de la lógica y de las escuelas urbanas
El segundo resultado de la actividad de las escuelas fue el comienzo de una reflexión intelectual que trataba de aplicar la lógica, a través del uso de la dialéctica, a todos los problemas planteados al intelecto humano.
El primer avance sustantivo en la creación de una reflexión intelectual propia se dio entre los años 1120 a 1170. Esto es, en la etapa en que la base del despertar de la lógica se hallaba constituida todavía por el conjunto de obras que formaba la llamada Logica vetus (Categorías y De interpretatione de Aristóteles, Isagoge de Porfirio y los comentarios de Boecio).

- Recepción de la filosofía aristotélica y creación de universidades
El aumento del interés social por el conocimiento en el siglo XII fue difundiendo la convicción de que, para garantizar su satisfacción, era necesario superar la fase inicial de entusiasmo asistemático por la cultura y sustituirla por esfuerzos más deliberados. Ello otorgó a la tarea de los pensadores del siglo XIII algunos de sus rasgos característicos. Dentro de ella, tres procesos alcanzaron especial significación: la recepción de la filosofía aristotélica, la creación de las universidades y el desarrollo de un pensamiento filosófico. 



Hacia una delimitación del espacio y el tiempo y un cambio en la sensibilidad 

La paulatina sustitución de un mundo espontáneo e inestable por otro estabilizado y encuadrado en todas sus manifestaciones, desde el hábitat a la piedad o la reflexión teológica, tuvo su reflejo y quedó consagrada en los progresos habidos en tres aspectos: la conciencia de individualización sociocultural del espacio europeo; una cierta secularización de la medida del tiempo; y algunos cambios en la sensibilidad de la sociedad.

- La delimitación exterior: los «otros» (bizantinos, musulmanes, paganos) 
La delimitación exterior de la Cristiandad la impuso el hecho religioso. En función de éste, la Cristiandad occidental o latina la constituía el conjunto de hombres, y las tierras que ocupaban, que confesaban una fe en Cristo y una obediencia a su vicario en la tierra, el papa de Roma. Limitaba en el espacio La plena Edad Media (años 980 a 1280) con tres grupos de gentes: bizantinos, musulmanes y paganos. 

- La delimitación interior: los «otros» (nacionales, judíos y marginados) 
La delimitación dentro de las fronteras de la Cristiandad se basó en criterios políticos, religiosos y sociales. En virtud de los primeros, tuvo lugar una cristalización de los distintos reinos europeos de modo que la identificación de un conjunto de hombres asentado en un territorio bien delimitado por fronteras bajo la jefatura de un monarca se convirtió en el hecho decisivo. El que permitía distinguir a los «naturales» respecto a los «extranjeros». En función de criterios religiosos, aparte de las minorías mudéjares que, tras la «Reconquista», quedaron en los reinos hispanocristianos, en el conjunto de Europa, el «otro» fue el judío. Su situación se fue deteriorando a partir de la reforma gregoriana y la primera cruzada, cuando los judíos empezaron a ser vistos, desde la doctrina, como «los asesinos de Dios en la persona de Cristo»; desde la política, como los aliados de los musulmanes; desde la economía, como un poder financiero temido y envidiado; desde la cultura, como una minoría que ponía en peligro el proyecto que el clero cristiano defendía. 

- El despertar de la conciencia individual 
El despertar de una conciencia de individualización lo hemos visto afirmarse, a escala de la Cristiandad, de los reinos, de las ciudades, favorecido, respectivamente, por la acuñación de una doctrina de guerra santa, la consolidación de monarquías y de idiomas vernáculos o la afirmación de fueros y estatutos locales.

Amigos aquí les dejo un link donde pueden divertirse y ampliar su conocimiento sobre la edad media.


Después de haber hecho la lectura y de haber visto los vídeos, te invito para que te diviertas resolviendo el siguiente test.




BIBLIOGRAFÍA

García, J.A Y Sesma, J.A. (2008). La conformación social y mental de la Europa medieval Manual de Historia Medieval (183-216). Madrid: Alianza Editorial, S.A.

Pinterest. El catálogo global de ideas (2017). En: https://es.pinterest.com/pin/479422322813170088/ (16 marzo, 10:50)

Youtube. (2017), Creación de las Universidades. En: https://www.youtube.com/watch?v=gwhgEaKubrE(16 marzo, 10:55)

Youtube. (2017), Breve Historia de la Inquisicion Capitulo 1. En:https://www.youtube.com/watch?v=PNhaA-xKGag (16 marzo, 11:20)
   
 
 
   





viernes, 10 de marzo de 2017

El primer crecimiento de Europa: el dominio del espacio

Hola amigos esta semana aprenderemos de el primer crecimiento europeo que se dio entre los siglos X y XIII.




En la edad media, entre las dos fechas a finales del siglo X y finales del siglo XIII, se da un crecimiento europeo, tanto demográfico como físico, esto se logra gracias a diversas circunstancias tales como: 

A) Creación y distribución de unos excedentes, generados por el efecto combinado de las iniciativas de los campesinos, y las exigencias de los señores, En general, mediante un dominio de tierras y hombres, que debió cuidar el frágil equilibrio entre recursos y población.

B) Se apoyó en un incremento de las producciones agrarias y éstas, a su vez, derivaron de dos factores: las mejoras en el equipamiento energético y técnico, estas se refieren a cinco aspectos:

- El aumento de la capacidad de tracción de los animales de labor, se debió a la incorporación de unas cuantas novedades. En el caso del caballo: el freno bucal, el estribo, la herradura y la collera rígida. En el caso del buey, el yugo frontal. Esas mejoras en la tracción se completaron con la utilización del tiro de bueyes o caballos en fila. De esa forma, la capacidad de arrastre se multiplicó.
- La introducción de un nuevo tipo de arado, vertedera, que permitían hacer surcos de mayor profundidad y -voltear la tierra, lo que favorecía una mejor aireación del suelo.
- La generalización del uso del molino, al extinguirse la esclavitud, los europeos comenzaron a generalizar el uso del molino en las plantaciones, para producir harina, pero, aunque en menor número, también hubo molinos cerveceros y, sobre todo, batanes para tundir los paños.
- La difusión del empleo de instrumentos de hierro, permitió aumentar los rendimientos de los útiles mencionados y, sobre todo, proporcionaron un utillaje más duradero y eficaz de arados, hoces, azadas, layas, etc.
- La multiplicación de labores en unas mismas parcelas. Los documentos desde el siglo XII muestran a los señores exigiendo a sus campesinos, al parecer, como novedad, La plena Edad Media (años 980 a 1280) el cumplimiento de tareas de cava, escarda, rastrillaje, binado.

C) La ampliación de los espacios en explotación, las mejoras introducidas en el equipamiento técnico de los europeos fueron incapaces de incrementar en la proporción requerida por las necesidades de una población en aumento la producción de bienes de subsistencia. Para asegurar este objetivo, y sobre la base de unas condiciones climáticas favorables (más cálidas y húmedas que en el período anterior), hubo que ampliar los espacios en explotación transformando los espacios incultos en espacios de producción, fundamentalmente, de cereal. Ese proceso requirió, según los escenarios, la roturación de bosques o la desecación de marismas.

D)  La Reconquista a costa de los musulmanes de Al-Ándalus fue protagonizada por los hispanocristianos del norte, aunque, a finales del siglo XI y durante el XII, guerreros francos participaron también en la empresa.

E) Las Cruzadas, en cuanto proceso de ampliación del espacio europeo en el Mediterráneo oriental, no obedecieron a un impulso único y unitario. El movimiento cruzado nació a finales de 1095 como una de las manifestaciones del intento de la Iglesia de la «reforma gregoriana» por encabezar los destinos de la Cristiandad latina.

F) La marcha de los alemanes hacia el este, herederos de los sajones, ya convertidos al cristianismo, se habían constituido en la avanzadilla de la Cristiandad hacia el mundo eslavo y húngaro.

G) La dilatación del espacio europeo en el agua, con el dominio de los mares, se fue afianzando desde el siglo XI y, al revés de lo que sucedió en los tres escenarios terrestres analizados, no se extinguió a finales del siglo XIII, sino que, al contrario, desde ese momento fue el indicador más preciso de la definitiva expansión europea en todo el mundo.
Otros aspectos relevantes en el crecimiento global de la sociedad europea fueron también:
        a)   La organización social del espacio europeo.
-          La familia: la consolidación del núcleo conyugal.
-          La aldea: la concentración del hábitat.
-          La parroquia: la duplicación del encuadramiento aldeano.
-          El señorío: la afirmación de un poder proteico.
        b)   La reaparición y el éxito de la ciudad.
        c)   El desarrollo de las actividades artesanales.

        d)   El renacimiento comercial.



     Las Cruzadas  

 

            

      
     
      Primera actividad: Con base en lectura anterior completemos el siguiente crucigrama:
     
    

     
       El renacer urbano







Segunda actividad: en el anterior vídeo, hacen referencia a ciertas palabras claves en el proceso del crecimiento europeo, por lo tanto encuntralas en la siguiente sopa de letras:







Bibliografía:

García, J.A Y Sesma, J.A. (2008). El primer crecimiento de Europa: El dominio del espacio. Manual de Historia Medieval (183-216). Madrid: Alianza Editorial, S.A.

Clemente, José Juan. (2017). Geo historia. en:    http://losolmoshistoria4.blogspot.com.co/2015/10/ejemplo-de-comentario-de-un-mapa.html (marzo 9 - 9:10 pm)

Youtube. (2017), El renacer urbano en Europa. En: https://www.youtube.com/watch?v=F3P9atCDTIk (marzo 9 – 9:30 pm)


Youtube. (2017), Las cruzadas. En https://www.youtube.com/watch?v=A4Bfe0QxRQs (marzo 9 – 9:30 pm)

jueves, 2 de marzo de 2017

LA CULMINACIÓN Y LOS CAMBIOS EN BIZANCIO Y EL ISLAM

Las culminaciones y los cambios en Bizancio y el Islam







La afirmación de la dinastía Macedónica en Bizancio y la consolidación de un espacio islámico, unido por la cultura y el comercio y fragmentado políticamente en tres califatos abren este capítulo a mediados del siglo X. El final se sitúa en torno a 1260 en razón de otros acontecimientos políticos. En el mundo bizantino, el fin del período de dominación latina en el Imperio, que había comenzado en 1204, y la restauración de una dinastía griega, la de los Paleólogos, en 1261. En el mundo islámico, el final de la dinastía Abbasí de Bagdad, eliminada en 1258 por los mongoles, y el de los almohades en la península Ibérica por obra de las conquistas de Fernando III de Castilla y Jaime I de Aragón. En todos los casos, aunque las fechas son significativas para los espacios bizantino e islámico, su justificación es prioritariamente eurocéntrica. Es la dinámica de la sociedad europea la que anima a efectuar en los otros mundos circunmediterráneos el mismo corte cronológico.

El último esplendor y la primera muerte de Bizancio


La muerte del emperador Constantino VII Porfirogeneta en 959 dio entrada en Bizancio a una serie de emperadores militares que durante casi un siglo restauraron el prestigio del Imperio. A costa de una permanente lucha en las fronteras, la actividad de esos emperadores, en especial, Basilio II (976- 1025), justificó que el período fuera calificado de «epopeya bizantina».

El apogeo de la dinastía Macedónica


Los signos externos de la segunda culminación del Imperio bizantino, esto es, la actividad militar y la capacidad ofensiva, llegaron a su apogeo entre los años 961 y 1071. En la primera fecha, los bizantinos reconquistaron Creta de manos musulmanas; en la segunda, fueron humillados por los turcos en Manzikert y expulsados por los normandos del sur de Italia. Las dos fechas enmarcan la denominada «epopeya bizantina», esto es, el conjunto de esfuerzos, en general, victoriosos y defensivos por conservar el Imperio.

La dinastía macedonica






Un Imperio a la defensiva


En 959 murió el emperador Constantino VII Porfirogeneta. Tras quince años de intrigas palaciegas y asesinatos de emperadores, Basilio II, un nieto de aquél, fue proclamado como basileus en 976. Durante cincuenta años presidió un apogeo del Imperio desconocido desde tiempos de Justiniano. A su muerte, dos sobrinas suyas prolongaron la legitimidad durante otros treinta años, hasta que la muerte de la segunda en 1056 sin descendencia puso fin a la dinastía Macedónica. En resumen, casi un siglo de éxitos militares y esplendor cultural en que Bizancio volvió a mostrarse activo en los tres frentes en que el Imperio tuvo comprometida permanentemente su existencia.

Unas comunidades campesinas en debilitamiento


El balance social más claro de un siglo de esfuerzo militar, además de una redistribución regional de la población, fue el fortalecimiento de la aristocracia territorial con el paralelo debilitamiento de las comunidades aldeanas y el aumento de rentabilidad de las grandes explotaciones agrarias, lo que estimuló un comercio en que los mercaderes latinos participaron en proporción creciente.

 Una cultura bizantina en la escuela y en la Iglesia


El reinado de Constantino VII había constituido una de las cimas intelectuales de la historia del Imperio. Tras su muerte en 959, hubo que esperar casi cien años para que, con Constantino IX Monómaco, entre los años 1042 y 1054, la cultura alcanzara un nuevo esplendor. En esas fechas, y ejemplificada en la gran figura de Miguel Psellos, tal cultura mostrará signos de una progresiva intervención por parte de la Iglesia.

 La reducción física del Imperio


Entre 1056 y 1076, el panorama del Imperio bizantino cambió drásticamente. La dinastía Macedónica se extinguió en 1056. Al año siguiente, Isaac Comneno dio un golpe de Estado, al que siguieron turbulencias que encumbraron y desposeyeron del trono a cuatro emperadores. Todos ellos se mostraron incapaces de conjurar las amenazas que se cernían sobre el Imperio en todos los frentes.
En el oriental, los turcos seldjúcidas; en el occidental, los normandos de Roberto Guiscardo, que, con la bendición del papa Nicolás II, aseguraban sus posiciones en el sur de la península italiana; y en el septentrional, los pechenegos. Entre 1071 y 1076, con su expulsión de Bari y Salerno, los bizantinos fueron eliminados de Italia, y en 1071, la derrota del ejército imperial en Manzikert, en tierras armenias, puso al Imperio a merced de los turcos seldjúcidas.

El «siglo de los Comneno»


Entre los años 1080 y 1185, la familia de los Comneno se instaló en el trono de Bizancio y aseguró una línea de legitimidad dinástica. Su continuidad fue un reflejo de una cierta recuperación del Imperio, tanto demográfica como económica, política o cultural, que desde luego se desarrolló a una escala mucho menor, empezando por la puramente territorial, que la acostumbrada durante los dos siglos de la dinastía Macedónica. Los primeros signos de recuperación los proporcionó el crecimiento de la población, especialmente, en las regiones balcánicas. Paralelamente, se amplió la superficie de las tierras puestas en explotación, aunque ahora el proceso fue dirigido menos por las comunidades de campesinos que por los grandes terratenientes que compraron al Estado tierras públicas y se vieron favorecidos por las reformas fiscales de la nueva dinastía. En concreto, por el impulso que dio a dos instituciones: la pronoia y la charistiké.

La Partitio Romaniae: Imperio latino de Constantinopla e Imperio griego de Nicea


La muerte de Manuel I en 1180 y la entrada de Miguel VIII en Constantinopla, tras expulsar a los latinos, en 1261 sirven de hitos de un nuevo período de la historia del Imperio de Bizancio, que se caracterizó por una enorme turbulencia política y, a la postre, por lo que será irremediable decadencia. La muerte del emperador Manuel I en 1180 no interrumpió la decidida política occidentalista de los últimos años. Ello hizo aumentar el sentimiento antilatino de la población del Imperio, que explotó en 1182 en Constantinopla en forma de asalto contra las casas y comercios de los mercaderes occidentales, que fueron asesinados o expulsados.

La culminación del Islam clásico y su renovación


La historia del Islam entre, aproximadamente, los años 960 y 1260 podemos presentarla en dos grandes etapas. En la primera, entre 960 y 1055, el mundo islámico se hallaba dividido en tres grandes califatos: el Omeya de Córdoba, el Fatimí de El Cairo y el Abbasí de Bagdad. Las dinámicas política y religiosa de cada uno de ellos eran diferentes y explicaban tanto la existencia de algunos poderes autónomos en sus respectivas periferias como su fragmentación de hecho en reinos y principados independientes.

Esplendor económico y cultural y fragmentación política en el final del Islam clásico


Entre, aproximadamente, los años 960 y 1055, el mundo islámico vivió la etapa final de lo que se ha llamado el Islam clásico. Como en el período anterior, una misma fe, aun con variadas interpretaciones, una misma lengua de cultura, el árabe, y una misma civilización de ciudades y relaciones mercantiles continuaron identificando a millones de personas desde el océano Atlántico hasta más allá del río Indo. Esos rasgos de unidad convivieron con otros de fragmentación en la interpretación religiosa y, sobre todo, en la construcción política. Entre los primeros hay que situar: la secularización militarizada del poder, la ampliación del espacio mercantil islámico y los progresos en la reflexión filosófica y la experimentación científica.

La secularización militarizada del poder


La fusión de elementos políticos y religiosos en la relación entre la autoridad y los súbditos dentro del Islam convertía al califa en representante de Alá y exigía una ciega obediencia a la autoridad constituida. Pese a ello, las numerosas revueltas acontecidas en los tres primeros siglos de existencia y la conversión del califato en un Imperio explican el fortalecimiento de los instrumentos de poder que aseguraran el ejercicio de la autoridad entendida, prioritariamente, como secular. A finales del siglo X, los tres califatos (Bagdad, El Cairo, Córdoba) se apoyaban, en efecto, en tres bases puramente seculares: el visirato, el ejército y la fiscalidad.

 La ampliación del espacio mercantil islámico


La cristalización durante el siglo X de los califatos de Córdoba y El Cairo contribuyó a la consolidación de dos áreas económicas, Al-Ándalus y Egipto, que trataron de emular a Bagdad como polos económicos y beneficiarios de los intercambios con los otros califatos. Ello repercutió en un aumento significativo del número de localidades dignas de llamarse ciudades, en la reactivación del comercio y en una modificación y ampliación de sus itinerarios.


Qué fue el Al-Ándalus





Los progresos en la filosofía y la ciencia


El aumento de la riqueza de las sociedades islámicas y el incremento de las relaciones humanas e intelectuales contribuyeron a explicar el desarrollo cultural de los siglos X y XI. Ni siquiera la fragmentación política fue un obstáculo para el florecimiento de la actividad intelectual: al revés, ella multiplicó el nú- mero de príncipes mecenas de cualquier manifestación de cultura. Entre las características de ésta podemos apuntar tres. La primera: el peso de la reflexión filosófico-religiosa, que, en el Islam, salvo alguna excepción, alcanzó, a finales del siglo X y comienzos del XI, una de sus cimas de libertad y tolerancia; en cierto modo, de humanismo. La segunda, la hegemonía intelectual del Islam oriental, donde una más temprana difusión del empleo del papel facilitó la multiplicación de copias y, con ellas, de los libros, que, en su gran mayoría, siguieron escribiéndose en lengua árabe.

Renovación política y doctrinal en el Islam


Entre 1055 y 1260, el espacio islámico aparece dividido en dos grandes ámbitos, el oriental y el occidental, separados por el desierto de Libia y por un Magreb parcialmente arrasado por los hilalíes. Entre los dos sigue circulando el idioma árabe, la economía monetaria, la vida urbana y la actividad intelectual, pero a escala política y, en parte, religiosa se distancian entre sí a la vez que se estrechan las relaciones de los espacios de cada uno de esos dos grandes ámbitos del Islam. Así, la historia de Al-Ándalus se funde con la del norte de África, lo mismo que, en el otro extremo, sucede con las de Egipto, Siria, Irak y aun Asia Menor.

El Islam oriental


El ámbito oriental del Islam seguía incluyendo dos grandes áreas de influencia, la de Bagdad y la de El Cairo, reforzadas por sus respectivas obediencias religiosas, sunnita y siíta. Lo significativo de los años 1055 a 1260 fueron los intentos, sucesivos y fracasados, por constituir un poder hegemónico en todo el Islam oriental. Tales intentos estuvieron protagonizados por los turcos seldjúcidas en la segunda mitad del siglo XI y por Saladino cien años después.

El Imperio seldjúcida


La entrada de los turcos seldjúcidas en Bagdad en 1055 fue seguida por éxitos militares sobre los bizantinos en Manzikert en 1071, lo que permitió a aqué- llos asegurar su instalación en la península de Anatolia. Tras los primeros jefes guerreros, los seldjúcidas encontraron en Maliksah (1072-1092) y su visir iraní Nizam los dos organizadores con los que el nuevo poder alcanzó su madurez. Los signos de ésta se evidencian en las mejoras en la administración, inspiradas en el Libro de gobierno compuesto por el propio visir, en numerosas construcciones públicas y, en especial, en la creación de centros de ense- ñanza, entre los que destacó la Nizamiyya de Bagdad, nombre derivado de su fundador, el visir seldjúcida.

El sueño de unidad frustrado: Saladino


En 1099, los cruzados occidentales expulsaron a los fatimíes de Palestina y crearon el reino latino de Jerusalén en 1099. Ello suponía la merma del poder fatimí, la interrupción de la continuidad física del Islam oriental y un foco de permanentes amenazas contra la integridad del núcleo del califato, Egipto. Desde 1130, a las amenazas de los cruzados se añadieron las que suponía un nuevo poder que emergía en el norte de Siria e Irak. En efecto, uno de los múltiples principados territoriales que configuraban el Imperio seldjúcida, el de Mosul, fue confiado al hijo de un jefe militar turco del sultán Maliksah: el atabeg Zengí. El nuevo caudillo se propuso expulsar a los cruzados latinos de Jerusalén y restaurar la ortodoxia sunnita frente a la obediencia siíta de los fatimíes. A partir de 1127, Zengí y su hijo extendieron su dominio a toda Siria. En 1164, un ejército invadió Egipto. Al frente de él se hallaba un emir kurdo, que fue sucedido por su sobrino Salah-al-Din ben Ayyûb, el Saladino de nuestra historiografía. 



SULTÁN SALADINO




El Islam occidental


En 1055, el Islam occidental se extendía desde el desierto de Libia hasta el océano Atlántico y desde el río Duero y el Somontano pirenaico hasta el espacio subsahariano, incluyendo las islas del Mediterráneo. Entre 1055 y 1260, la historia del Islam occidental recuerda la del Islam oriental. De un lado, unificación religiosa en la obediencia sunnita; de otro, sustitución del poder árabe en beneficio de otros grupos étnicos.

Los almorávides


A mediados del siglo XI, el espacio islámico occidental, que se había visto afectado por la extinción del califato de Córdoba, su sustitución por los reinos de taifas y los primeros avances hispanocristianos y por las invasiones hilalíes del Magreb, fue escenario de la expansión almorávide. Se trataba de un movimiento religioso que, propagado por predicadores de la zona marroquí entre el Alto Atlas y el Anti Atlas, había conseguido adeptos sobre todo entre los tuaregs camelleros del Sahara. El mensaje religioso combinaba rigor moral, interpretación literal del Corán y la Sunna, adscripción sin fisuras a la escuela malikí de pensamiento teológico y jurídico y voluntad de utilizar la guerra santa como instrumento para imponer su credo a los otros musulmanes a quienes consideraban desviados del camino del Profeta.



El imperio almorávide




Los almohades


Los grandes beneficiarios del debilitamiento del Imperio almorávide, y en pocos años sus sucesores, fueron los almohades: etimológicamente, «los predicadores de la unidad de Dios». Como el anterior, era un movimiento religioso nacido también en la región del Atlas marroquí y difundido entre los bereberes, aunque, en este caso, mayoritariamente sedentarios. El gran predicador del nuevo movimiento fue Ibn Tûmart, que se había formado en las madrassas de oriente y se consideraba fiel discípulo de Al-Ghazalí. Su objetivo fue proponer una nueva forma de entender el mensaje del Islam, sustituyendo el rigorismo fanático y la literalidad de los almorávides por planteamientos teológicos y jurídicos más ricos y complejos, inspirados en parte en el mutazilismo; esto es, en el fondo, en bases neoplátonicas.


ACTIVIDADES

Con base en la lectura y los vídeos, realiza las siguientes actividades.





Bibliografía

García, J.A Y Sesma, J.A. (2008). La construcción de los espacios políticos europeos, en Manual de Historia Medieval (183-216). Madrid: Alianza Editorial, S.A.