La época carolingia y el nacimiento de Europa
A comienzos del siglo VIII, el modelo germano-romano de sociedad se extendía
desde la frontera de Escocia hasta Gibraltar y desde la costa atlántica hasta
la del Adriático. Ese momento, entre los años 700 y 715, en que los musulmanes
se instalaban en la península Ibérica y daba los primeros pasos lo que será
la construcción carolingia, constituye el arranque de este capítulo. Su cierre lo
situamos hacia mediados del siglo X, cuando coinciden la estabilización de la
frontera entre cristianos y musulmanes en España, la victoria de Otón I sobre
los húngaros a orillas del río Lech y el debilitamiento de la furia de los vikingos
en el Atlántico y de los piratas sarracenos en el Mediterráneo. Estos últimos
hechos, entre otros, se estiman como indicios del final de las «segundas
invasiones».
La época de Carlomagno: una síntesis limitada y frágil
La ocupación musulmana de la península Ibérica y el dominio bizantino en el
sur de Italia habían reducido a millón y medio de kilómetros cuadrados el espacio
que reconocía la autoridad del pontífice de Roma, esto es, que configuraba
la Cristiandad latina: de Escocia a Benevento, del Rin a los Pirineos. El
esfuerzo de los carolingios aglutinó ese espacio bajo su jefatura moral, aunque
en la práctica se fueron fortaleciendo entidades político-territoriales autó-
nomas, más acomodadas a la escala social y física de las distintas regiones.
A finales del siglo IX o en el X, esas entidades acabaron tomando la forma de
principados territoriales; a ellas se unieron otras dos nacidas fuera de la construcción
política de Carlomagno; concretamente, en su periferia anglosajona
e ibérica: el reino de Wessex y el reino de Asturias.
Carlomagno
El ascenso de los carolingios
Pipino de Herstal murió en 714 dejando en manos de su hijo bastardo Carlos
Martel las mayordomías de palacio de los tres reinos de Austrasia, Neustria y
Borgoña, a cuyos títulos empezó a añadir otro, el de príncipe o duque de los
francos. Tras los primeros años de dificultades para imponer su autoridad,
Carlos Martel propuso a las aristocracias unos objetivos exteriores que permitieran
relajar las tensiones internas. En el norte, continuar la tarea de sumisión
de Frisia y controlar a alamanes y sajones. En el sur, frenar a los musulmanes
que habían entrado en tierras francas; Carlos Martel los derrotó cerca de Poitiers
en 732, lo que contribuyó decisivamente a realzar su prestigio.
Los orígenes del Imperio Carolingio
El Imperio de Carlomagno
La muerte de Pipino en 768 trajo un nuevo reparto del regnum francorum entre
sus hijos Carlomán y Carlos. El fallecimiento del primero tres años después
dejó todo el poder en manos del segundo, pronto llamado «el Magno»,
esto es, Carlomagno. Su reinado y el de su sucesor, Luis «el Piadoso» constituyeron
hasta el año 840 una síntesis de los elementos de la Cristiandad latina.
Las conquistas
La coronación imperial
El día de Navidad del año 800, en la Misa del gallo, el papa León III impuso la
corona a Carlomagno. El hecho vino a culminar una trayectoria iniciada con
el golpe de Pipino «el Breve» del año 751 y sancionada por las victorias militares
de Carlomagno. El año anterior a la coronación, Alcuino de York, consejero
del rey, dirigió a Carlomagno una carta en la que defendía la hegemonía
del rey franco. Para el consejero áulico, los tres poderes que gobernaban el
mundo eran «el emperador de Constantinopla, el pontífice de Roma y el rey
de los francos».
La organización del Imperio
La organización se realizó de una forma empírica. Sin embargo, los eclesiásticos
del palacio supieron revestirla de una conceptualización de tradición
romana basada en la noción abstracta de un Estado como garante de la res
publica, del bien común. Los poderes efectivos de Carlomagno derivaban,
de un lado, del ban militar, y, de otro, del munt judicial, ambos de tradición
germánica, como lo era la fortaleza de los vínculos personales que ligaban a
los hombres libres con el rey franco y que, anualmente, los guerreros renovaban
en asambleas convocadas para ello. Todas estas medidas eran claramente
insuficientes para gobernar un espacio que resultaba demasiado extenso
y variado. Ello obligó a Carlomagno a reconocer el principio de la
personalidad de las leyes en los territorios del Imperio y a compatibilizarlo
con el ejercicio general de algunas competencias eclesiásticas, fiscales y
económicas. La protección del clero y la intervención en la designación de
los obispos, un cierto control en las ferias y mercados y la ordenación monetaria
se encontraban entre ellas.
La crisis del Imperio carolingio
El reino de Wessex frente a los vikingos
El reino de Asturias contra los musulmanes
La entrada de los musulmanes en la península Ibérica en el año 711 y el rápido
control de la misma supusieron la extinción del reino hispanogodo. En el norte
surgieron pronto unos focos de resistencia al Islam. De todos ellos, el de
Asturias fue el más precoz y consciente de recoger la herencia del reino visigodo de Toledo. Su consolidación como reino de Asturias se efectuó durante
el largo reinado de Alfonso II (792-842), quien, con la ayuda de la jerarquía
eclesiástica, recuperó conscientemente la herencia visigoda, tanto en la administración
civil (con el officium palatinum) como en la eclesiástica (con la
creación de obispados y el estímulo a los monasterios). La aparición del
presunto sepulcro del apóstol Santiago en Compostela sirvió para fortalecer
ideológicamente el reino.
Los vikingos
«Los hombres del vik o bahía» eran parientes próximos de los germanos de
las invasiones del siglo V que se habían establecido en las tierras escandinavas.
Según las fuentes, esos vikingos reciben otros nombres. Para los francos,
son «los hombres del norte» o normandos; para los musulmanes, son los
machus o «adoradores del fuego»; para los bizantinos, son los «hombres del
comercio» o varegos. En cualquier caso, las fuentes no dieron noticias de
ellos hasta los ataques vikingos a los monasterios (Lindisfarne, por ejemplo)
de la costa oriental inglesa, a finales del siglo VIII. En esas fechas, la sociedad
escandinava debía responder al modelo de los germanos protohistóricos.
Se caracterizaba por la existencia de una familia extensa, que, dirigida por
un jefe, al que acompañaban clientes y esclavos, se dedicaba a la agricultura
y la ganadería y, en menor medida, a la artesanía y el comercio. La reunión
de jefes constituía el consejo que asesoraba al rey, una especie de caudillo
primus inter pares, que se apoyaba, además, en un séquito de guerreros jó-
venes. En algunas zonas, en especial, de Noruega, las condiciones del relieve
facilitaban la existencia de numerosos y minúsculos reinos, lo que no era
óbice para que, en el conjunto de las tierras escandinavas, se empezaran a dibujar
en esta época los perfiles de las tres nacionalidades históricas: noruegos,
suecos, daneses.
El nacimiento de Europa
La imagen de anarquía política y pillaje, que los segundos invasores contribuyeron
a robustecer, no debe hacer olvidar que las relaciones de producción en
el seno de la sociedad de Occidente estaban experimentando los cambios que
iban a asegurar las bases de construcción de la sociedad medieval europea.
Desde comienzos del siglo X, los que ya podemos llamar europeos empezaron
a vivir en una evidente paradoja. Mientras sus pies se asentaban en el pequeño
espacio de su familia, aldea, señorío, principado, y, al hacerlo, incrementaban
sus bases de riqueza e intercambio, su mente, adoctrinada por obispos y monjes,
se resistía a abandonar el universo de la unidad imperial y cristiana que el
Imperio de Carlomagno había constituido. Esa mezcla de innovación y herencia
caracterizaron el nacimiento de Europa.
Las bases del primer crecimiento europeo
b) La evolución del poblamiento.
c) El papel de los intercambios.
El triunfo de la aldea
Entre los siglos VII y X, la evolución de los asentamientos campesinos, en especial,
los alodiales, se caracterizó por tres procesos. El primero fue la provisionalidad
e itinerancia de los núcleos de asentamiento. La utilización de materiales
constructivos (madera, cañas, retama, paja impermeabilizada con
sebo de animales) frágiles y baratos permitió que los grupos productores, normalmente,
muy reducidos, de ocho a veinte personas, pudieran, literalmente,
cargar con su casa a cuestas cuando no aprovechaban las cuevas naturales o
excavaban otras en rocas de materiales blandos.
La construcción de las bases culturales y morales de la naciente Europa
El empeño de Carlomagno por imponer sus ideas centralizadoras en el campo
cultural alcanzó un resultado, el renacimiento carolingio, que, aunque limitado
en términos absolutos, constituyó la parte más sorprendente y más permanente
de su herencia. En una perspectiva más amplia, hay que incluir el esfuerzo
que la Iglesia desplegó en los setenta años que siguieron a la muerte de
Carlomagno en lo que se ha podido llamar «la construcción de la Iglesia del
Antiguo Régimen». Esto es, la definición de las normas teológicas, morales
y organizativas que, sancionada por los concilios de los siglos XII y XIII, ha llegado
en parte hasta nuestros días.
La construcción de la Iglesia del Antiguo Régimen
ACTIVIDADES
En el siguiente link encontraras una serie de actividades que podrás desarrollar de acuerdo a la lectura y los vídeos previos.
http://raulrv.blogspot.com.co/2011/10/actividades-imperio-bizantino-y.html
https://www.educaplay.com/es/recursoseducativos/2889327/imperio_carolingio.htm
https://www.educaplay.com/es/recursoseducativos/2167412/i_bizantino_i_carolingio.htm
Bibliografía
García, J.A Y Sesma, J.A. (2008). La construcción de los
espacios políticos europeos, en Manual de Historia Medieval (183-216). Madrid:
Alianza Editorial, S.A
Disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=iXu4140ZB50
Disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=B8JVzeLxPE8


